Duermo boca arriba. Así siempre encaro lo desocnocido.
Así, si alguien en la madrugada abre la puerta para asesinarme, que me mire a los ojos antes de acabar con mi vida. Yo siempre he sabido, que moriré consciente. Si en mitad de la noche deciden venir, y rasgarme el culo mientras duermo, yo estaré boca arriba y les miraré a los ojos. Quiero que vean como sólo violan un cuerpo, quiero que vean como me río de sus caras de desesperación.
Así, si alguien en la madrugada abre la puerta para asesinarme, que me mire a los ojos antes de acabar con mi vida. Yo siempre he sabido, que moriré consciente. Si en mitad de la noche deciden venir, y rasgarme el culo mientras duermo, yo estaré boca arriba y les miraré a los ojos. Quiero que vean como sólo violan un cuerpo, quiero que vean como me río de sus caras de desesperación.
Yo sé que la muerte llegará, me tocará y me llevará con ella. No le importa si desisto o no, si la temo o no, ella sólo vendrá a tocarme el hombro y llevarme con ella. Y yo, la esperaré boca-arriba y sonriente. Vine a este mundo, y a la vida no le importa si lloro o río en ella, ella sólo me hace existir. Y yo siempre soñaré boca arriba, sin miedo a que la luz me ciegue.
Vine al mundo como hombre, y un día me disfracé de mujer. Vine con hambre, y decidí no comer. No bebí, no jugué... Y al no hacerlo, lo eché de menos. Resistí la tentación, me controlé y nadie más que yo guié mi atención. Así salí de la prisión mundana. Pero como humano y ser vivo, necesito sobrevivir, de modo que sin querer bebrlo ni comerlo, tenía que hacerlo, seguía siendo esclavo.
A si que me perdí, me fui, quise estar sólo, allá donde nadie jamás pisó, allí donde no hay más que nada, donde nadie querría ir. Y allí, sentado entre tanta nada, en el más absoluto e insoportable silencio, cuando todo parecía apunto de desmoronarse, escuché el susurro del alma por primera vez.
Jamás la escuché, porque en mi cabeza siempre hubo demasiado ruido. Demasiada gente, demasiado grito... Demasiada vida, tanta, que echaba de menos el fresco silencio de la muerte.
Jamás la escuché, porque en mi cabeza siempre hubo demasiado ruido. Demasiada gente, demasiado grito... Demasiada vida, tanta, que echaba de menos el fresco silencio de la muerte.
Pero de pronto, el mundo frente a mis perplejos y atónitos ojos se desmoronó. Literalmente, la arena se hizo pis, y el cielo fue un transplante de órganos. No me gustó en absoluto tal incongruencia, e inmediatamente, el mundo cambió de nuevo. Había aeroplanos volando por encima de mi cabeza, halcones enormes y blancos, un aire fresco que me hacía sentir muy ligero. Me eché al suelo y el suelo, me acogió. El cielo azul puro, brotaba y vibraba de vida, una vida que vibraba conmigo, y que palpitaba a la vez que yo... Era mi mundo. Ya no pensaba, toda la sabiduría estaba presente. "Supe" que mis ojos nunca vieron esta tierra por que nunca me enseñaron a soñar. Desde chico, me dijeron: El mundo es este, y no existe más, y mis ojos sólo aprendieron a ver las cosas de esa manera.
Tras aquella maravillosa y reveladora tarde, quise volver al plano donde la tierra es tierra y el cielo algo inalcanzable, para hablar el idioma de los nativos hombres, y transmitir mi experiencia, y mi sabiduría, pero, para mi sorpresa, me encontré con rechazo.
Encontré un rechazo sobre actuado y solapado en la frente de las personas, puesto ahí para tapar todas las vergüenzas que les impedían soñar. Y de pronto, sin quererlo, y ni mucho menos beberlo, me vi repudiado por la población. Para mí, el mundo, era mi mundo, y respondía a mi voluntad al entrar en aquel plano. Un plano que sólo mis ojos eran capaces de captar, por eso nadie entendía cómo yo era capaz de hacer semejantes "vejaciones" y “mamarracheces”. Y pese a mis buenas acciones e interpretaciones, siempre llevaba el peso de ser un ser extraño.
Sólo unos cuantos se iluminaron de luz al escucharme; quisieron hacerlo, y yo les presenté al mundo sus ojos y a sus ojos el mundo. Pero los demás miraban recelosos y recurrían a su última posibilidad de salvarse del precipicio de la vergüenza (el cual les hacía caer de golpe en el amor), criticando. Odiaban sin odiar, y confabulaban en grupo cosas que en la soledad de la noche les quitaban el sueño.
Criticaban porque creaba división entre la gente, no me odiaban a mí, de hecho, sus ojos no me miraban, ellos mismos se hacían más pequeños que yo al agachar la cabeza y mirar al suelo recelosos. Mi propia familia, que tanto me quería, sucumbió a su mundo y me volteó la cara.
Pobres desgraciados, Un día, el peso de la vergüenza, y el miedo se apoderó de todo su amor y decidieron matarme.
Yo les miraba, y les vi golpearme muy fríamente, sin odio, sin rabia, sólo cumplían su-misión; salvaban su culo al salvar al "grupo" de un germen que dividía, que enseñaba a las personas su poder infinito, y les hacía libres e independientes. Mataron a un germen que liberaba de la esclavitad de la dependencia emocional, física y mental, rompiendo con toda necesidad de unidad convenida y egoísta, y destronando así a los reyes.
Yo les miraba, y les vi golpearme muy fríamente, sin odio, sin rabia, sólo cumplían su-misión; salvaban su culo al salvar al "grupo" de un germen que dividía, que enseñaba a las personas su poder infinito, y les hacía libres e independientes. Mataron a un germen que liberaba de la esclavitad de la dependencia emocional, física y mental, rompiendo con toda necesidad de unidad convenida y egoísta, y destronando así a los reyes.
Pero no me mataron a mí, mataron un cuerpo que sirvió para hacer llegar a la máxima gente posible la infinita verdad que llevaban dentro. Pero yo sigo vivo, de hecho, me desdoblo y aparezco allí donde quiero, ya que sé, que existo y que existimos porque queremos existir, pero al escuchar tanto a los demás presas del pánico, nos dejamos de escuchar, y nos perdemos...
Os veo, muertos de miedo, como un niño recién metido en una guardería agarrado a los pantalones de su mamá, mirando el mundo de reojo entre lágrimas. Os veo peleando por cosas... Sin sentido, y sólo sois críos.
Pero ahora sabéis la verdad, y tenéis que ser valientes. Retar y llegar al límite, y constatar por vosotros mismos, que el cielo, el mar y la tierra, no son los límites del mundo. Ya que el mundo no existe fuera, si no dentro de uno mismo. Todo son ilusiones...
Somos todos unos ilusos, y sólo el que contradice sus percepciones del mundo, coge la sartén por el mango, y come únicamente aquello que desee comer.
Pero ahora sabéis la verdad, y tenéis que ser valientes. Retar y llegar al límite, y constatar por vosotros mismos, que el cielo, el mar y la tierra, no son los límites del mundo. Ya que el mundo no existe fuera, si no dentro de uno mismo. Todo son ilusiones...
Somos todos unos ilusos, y sólo el que contradice sus percepciones del mundo, coge la sartén por el mango, y come únicamente aquello que desee comer.
A mí, por ejemplo, no me hace falta que nadie me la coma.
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