Yo
que he ido de aquí allá
esperando encontrar ahí donde fuere
la libertad que no tenía.
Y todo para ver,
que sólo hay una pena
y ésa pena es la mía...
El mismo sabor,
aquí y allá,
la misma sed,
miradas vacías...
Y sin embargo,
algo tan íntimo,
tan escondido y recóndito
tan único y tan mío
que por temor a perderlo enterré...
Resultó ser
allí donde fuere
un mismo agua
amor.
No,
en verdad, no hay fronteras.
miércoles, 22 de abril de 2015
UN RUISEÑOR CANTA
La verdad, la justicia, no es algo que pueda hacerse desaparecer,
Porque es la ley misma de la vida.
Así pues, lo que separa al justo del injusto,
Es la diferencia que hay entre un vivo y un muerto.
Y toda persona o grupo de personas que viva de espaldas a la justicia,
Está de por sí condenada y muerta.
La verdad y la justicia no necesitan ser defendidas.
Si un hombre decide cerrar los ojos a su propia existencia,
Ya es pena suficiente
El camino de la eterna soledad y desdicha.
Y para aquellas almas que aún caminen en verdad y justicia,
Para el excepcional,
Fuerza,
Y que no caiga en el abrazo de las sombras,
Que dedique así su existencia,
No a enseñar,
Si no a hacer ver a quien no ve.
Fuerza,
En el llanto y en la soledad
Y valor para seguir mirando cuando nadie te ve
Pues existe tan sólo una pena,
Un dolor, una alegría, un mismo sentir
Y de tu lado estarán los árboles
Y de tu lado estarán las plantas, los animales
Y toda la humanidad, con toda su pobreza y su soledad...
Y si aún te quedan fuerzas para seguir,
Y si entonces aparece,
En el crepúsculo del menudo al menos,
Una pizca de amor,
Entonces tu fragilidad será tu fuerte,
Tan fuerte como lo es el aliento de la vida,
Tan inmutable e imparable como el curso de un río,
Tan fuerte como el crecimiento de la naturaleza,
Silenciosa... Frágil... Poseedora y dadora misma,
De la vida y de la muerte.
Porque es la ley misma de la vida.
Así pues, lo que separa al justo del injusto,
Es la diferencia que hay entre un vivo y un muerto.
Y toda persona o grupo de personas que viva de espaldas a la justicia,
Está de por sí condenada y muerta.
La verdad y la justicia no necesitan ser defendidas.
Si un hombre decide cerrar los ojos a su propia existencia,
Ya es pena suficiente
El camino de la eterna soledad y desdicha.
Y para aquellas almas que aún caminen en verdad y justicia,
Para el excepcional,
Fuerza,
Y que no caiga en el abrazo de las sombras,
Que dedique así su existencia,
No a enseñar,
Si no a hacer ver a quien no ve.
Fuerza,
En el llanto y en la soledad
Y valor para seguir mirando cuando nadie te ve
Pues existe tan sólo una pena,
Un dolor, una alegría, un mismo sentir
Y de tu lado estarán los árboles
Y de tu lado estarán las plantas, los animales
Y toda la humanidad, con toda su pobreza y su soledad...
Y si aún te quedan fuerzas para seguir,
Y si entonces aparece,
En el crepúsculo del menudo al menos,
Una pizca de amor,
Entonces tu fragilidad será tu fuerte,
Tan fuerte como lo es el aliento de la vida,
Tan inmutable e imparable como el curso de un río,
Tan fuerte como el crecimiento de la naturaleza,
Silenciosa... Frágil... Poseedora y dadora misma,
De la vida y de la muerte.
El fin de la historia
Y si soy la historia que me cuento y cuento, y si lucho porque ésta prevalezca por encima de la que los demás puedan hacerse...
Y si me deshago cuando al mirarme no ven lo que yo veo... ¿Y si pierdo mi propia historia, y creo en la que otros ven? ¿Dejaría entonces de ser yo? Estaría más perdido que nunca...
¿Y si?... ¿Y si todo lo que pienso o creo saber sobre mí mismo ha sido un engaño, y yo lucho y lucho por una causa sin sentido, cual soldado que arrastra a sus espaldas tantas y tantas muertes, quizás en vano? Así de importante es para mí mi identidad, mi historia...
Pero mi historia no tiene en verdad principio, porque hiendo incluso más atrás de lo que atisbo a recordar, encuentro que arrastro identidades que ya existían muchos años antes que yo naciera...
Y si soy la historia que me contaron que soy, y si soy la historia del que lucha contra tal historia, y la cuento y en ella soy el héroe, aquel que cruza el charco, que se enfrenta al fin del mundo para descubrir que no hay principio ni fin...
Entonces, ¿qué descubro? Nada que no estuviera antes que yo... Nada que inventar, ni aún caminando por historias y parajes desconocidos, nada que inventar ni imponer.
Y si soy la historia que me contaron que soy, si soy la historia que me cuento que soy, ¿qué sería de mi si me contase otra historia?
Dejaría de ser entonces quien soy, y si ya no soy aquello ni tengo a qué agarrarme, entonces, ¿qué, otra nueva historia? La experiencia limitaría mi fe, y, efectivamente, caminaría por mi historia iluminado por una tenue esperanza. Qué poco poder, qué poca energía, hay, para quienes rompieron el corazón...
Dejaría de ser entonces quien soy, y si ya no soy aquello ni tengo a qué agarrarme, entonces, ¿qué, otra nueva historia? La experiencia limitaría mi fe, y, efectivamente, caminaría por mi historia iluminado por una tenue esperanza. Qué poco poder, qué poca energía, hay, para quienes rompieron el corazón...
Triste y vacía historia, contada por malos actores, más conscientes de su profesión que de la propia historia...Poca fe... Hombres de poca fe...
Penosas historias se retratan hoy en día, en las que sólo quienes aún mantienen la llama encendida encuentran de nuevo la fe, pues ven bajo la luz de la esperanza, la historia de una vida que perdió la fe en sí misma.
Y entonces así, ¿y si me contase otra historia? ¿Y si perdiera el peso de la experiencia y de los años, el peso de mi nombre, la responsabilidad con mis pasos, que más que huellas que quedan atrás, son ya cadenas perpetuas? ¿Qué quedaría entonces? ¿QUÉ ES LO QUE QUEDA, CUANDO PIERDES LA FE EN LAS PELÍCULAS? Cuando andas sin ilusiones... ¿Qué queda? ¿Hacia dónde caminar, cuando abandonas el tramo del que vienes, ése que sabes a dónde va? ¿Es ésto estar perdido? Elegir entonces uno cualquiera, y entregarle a éste todas mis esperanzas no es otra cosa que caminar sin fe, y caminar así, no es otra cosa que cargar con un peso muerto...
Crear nuevas, independientemente de si creo o no en ellas, y ver cómo la realidad se transforma y quien era padre y hermano es entonces enemigo y villano, y que aquello que amaba sea entonces mi desdicha y entonces... Perder la fe en las historias... En los cuentos que viajan, como herencia de la memoria para finalmente, caer en ésta, la mía propia, la de la desesperanza... La de la soledad del que queda fuera del camino, la del silencio, la de quien, al sentarse en prado virgen, escucha y siente la brisa, y el olor y el pelo... La de quien al oler, entonces ve, que sólo hay fin en un camino, que el aire es uno, y que viene de... A saberse dónde, y que va a... Respirarse a todos lados... Y entonces paso y al pasar cruzo caminos pero no ando ninguno de ellos, y entonces trato con actores pero no con personajes, y entonces caminar, cualquier camino que éste sea con la fe de quien no teme la decepción ni espera la redención en el mismo, ser, y contra todo pronóstico, seguir siendo, y para colmo de la razón, respirar...
miércoles, 8 de abril de 2015
AMAR
Pretender amar a quien no se ama. Pretender... Pretender no es amar... Amar implica más valor que luchar por un idílico y sacrificarse hasta la extenuación. Porque para amar hay que llegar hasta lo más profundo del odio, de la rabia, de la tristeza y la desesperanza, porque para amar, hay que llegar al alma.
No es un viaje el de la felicidad hacia el futuro no, no es una proposición a fin de año, o un estudio de los hechos pasados y unas cuantas directrices que le pongan a uno en el buen camino. Así son tantas las formas, los idealismos, que el sólo hecho de pensarlos ya dividen y separan a uno del momento presente, provocando tropiezos, y nuevamente, estudios y compromisos para que ésto no vuelva a suceder. Así se embota cada vez más uno en su propia realidad, alejándolo cada vez más del mundo y de los demás, enamorándolo de una imagen que simula todo aquello que momento a momento, en su hacer, en su vivir, no es.
Pero acostumbro a medir mis actos, analizarlos y encontrar fallas, constantemente fallas, fallas de lo que me separa a mí de una persona que fuese realmente libre de dicho análisis... Qué absurdo... Incluso es, proponerse entonces dejar de hacerlos.
Pero si me quedo parado, entonces la estela tras de mí avanza y todo lo que llevo arrastrando me golpea. Y entonces comienzo a sentir dicha rabia que diariamente lucho por eliminar, rabia de niño, pura como la vergüenza misma... Y entonces me empapan todos los colores y yo quedo, tan lejos de aquel por el que tanto lucho por ser... Ese, maravilloso y feliz yo, que tiene esa espléndida personalidad, tan realmente humilde y engatusadora, tan irresistiblemente atractivo que no puedo quitarme a mí mismo de la cabeza... ¿Qué nombre tiene aquel hombre enamorado de un fantasma de su mismo sexo? ¿Imbécil? Pobre de mí, estúpida realidad. Mejor será que permanezca oculta, lejos de la vista de la gente, mejor será que no me lean, y que así sigan creyendo y imaginándome conmigo en palabras, y así sigamos durmiendo y desarrollando la imaginación en éste claustrofóbico sueño, que se esfuerza tan tremendamente en imitar al ilimitado universo...
Pero no hay contacto que despierte mi tacto, y no hay olor que reviva mi olfato ni palabras que me conmuevan el alma. Nada vale nada en éste lindo y exquisito mundo tan lleno de éxito y tan elitista. Más siento sin embargo la mierda y las heces que tras de sí dejan mis prisas y mis ansias si tan sólo me paro a respirar... El humo, el dolor, el llanto... Lleno está ya de vida el mundo sin mí. Más allá de mi desprecio a aquello que no pretendo, hay, y lo que es mejor, si me quedo callado, los escucho hablar... Y hablan sin mi... Y entonces no estoy sólo y entonces ya hay tacto y olor y vista.
A la mierda esperar lograr el respeto o la comprensión necesaria para yo existir. A la mierda pasar por el aro de la ética de moda, vacía de lógica y llena de hipocresía para así tener esa escucha y compañía que no es más que una mentira, que se prolonga bajo la eterna culpa. A la mierda la retención, a la mierda la medida, el control, el avance, el crecimiento y la madurez. A la mierda la puta madre y todo su patrimonio, a la mierda todos los mandamientos habidos y por haber, que dibujan un final al que sólo un presente caminado libre de deberes y lleno de pasiones puede llevar. A la mierda la vergüenza, la ética, el bien y el mal. No quiero ser bueno ni quiero ser lo mejor que pueda ser, joder. A la mierda buscar el amor y la paz, hacer el amor es dejar de pretender, porque no por pretender ello se extiende. El amor sólo puede hacerse cuando el tacto sorprende, en el cosquilleo renqueante y no en los placebos de la mente.
La ilusión del ilusionista.
Peleando, diariamente por conducirme hacia aquello que divisa en el horizonte el fin de la sed.
Repitiendo, como un mantra, así el mago vive de sus trucos, para hacer parecer que es, algo que no lo es.
¿Qué magia puede crear un mago, si el primero que no cree en lo que crea, es el mismo mago...?
Absorto en su propio truco, en trabajar su juego de manos, desgastándose cabeza y tiempo en encontrar nuevas maneras de sorprender.
Si sorprender siempre precisa de lo nuevo, ¿qué de nuevo tienen más trucos? El que va a ver a un ilusionista sabe que verá un espectáculo de magia. Dirá oh, y se rebanará la cabeza tratando de saber cómo lo ha hecho. Y para romper su triste ilusión, para traspasar el futuro y poder el público sentir sus manos, el ilusionista, debe constantemente innovarse a sí mismo.
¿ Y no sería más fácil, para traer lo nuevo, que el mago no hiciese ningún truco?
Que se quedase parado, mirando a los espectadores... ¿De qué estaría hecho ese momento?
¿No creería el mago entonces en la magia, si al dejar de hacer parecer que sea lo que no es, viese lo que es? ¿No hallaría el mago así la magia, habiendo roto su condición de ilusionista, ante un constante nuevo momento?
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