miércoles, 8 de abril de 2015

AMAR

Pretender amar a quien no se ama. Pretender... Pretender no es amar... Amar implica más valor que luchar por un idílico y sacrificarse hasta la extenuación. Porque para amar hay que llegar hasta lo más profundo del odio, de la rabia, de la tristeza y la desesperanza, porque para amar, hay que llegar al alma.
No es un viaje el de la felicidad hacia el futuro no, no es una proposición a fin de año, o un estudio de los hechos pasados y unas cuantas directrices que le pongan a uno en el buen camino. Así son tantas las formas, los idealismos, que el sólo hecho de pensarlos ya dividen y separan a uno del momento presente, provocando tropiezos, y nuevamente, estudios y compromisos para que ésto no vuelva a suceder. Así se embota cada vez más uno en su propia realidad, alejándolo cada vez más del mundo y de los demás, enamorándolo de una imagen que simula todo aquello que momento a momento, en su hacer, en su vivir, no es.
Pero acostumbro a medir mis actos, analizarlos y encontrar fallas, constantemente fallas, fallas de lo que me separa a mí de una persona que fuese realmente libre de dicho análisis... Qué absurdo... Incluso es, proponerse entonces dejar de hacerlos.
Pero si me quedo parado, entonces la estela tras de mí avanza y todo lo que llevo arrastrando me golpea. Y entonces comienzo a sentir dicha rabia que diariamente lucho por eliminar, rabia de niño, pura como la vergüenza misma... Y entonces me empapan todos los colores y yo quedo, tan lejos de aquel por el que tanto lucho por ser... Ese, maravilloso y feliz yo, que tiene esa espléndida personalidad, tan realmente humilde y engatusadora, tan irresistiblemente atractivo que no puedo quitarme a mí mismo de la cabeza... ¿Qué nombre tiene aquel hombre enamorado de un fantasma de su mismo sexo? ¿Imbécil? Pobre de mí, estúpida realidad. Mejor será que permanezca oculta, lejos de la vista de la gente, mejor será que no me lean, y que así sigan creyendo y imaginándome conmigo en palabras, y así sigamos durmiendo y desarrollando la imaginación en éste claustrofóbico sueño, que se esfuerza tan tremendamente en imitar al ilimitado universo...
Pero no hay contacto que despierte mi tacto, y no hay olor que reviva mi olfato ni palabras que me conmuevan el alma. Nada vale nada en éste lindo y exquisito mundo tan lleno de éxito y tan elitista. Más siento sin embargo la mierda y las heces que tras de sí dejan mis prisas y mis ansias si tan sólo me paro a respirar... El humo, el dolor, el llanto... Lleno está ya de vida el mundo sin mí. Más allá de mi desprecio a aquello que no pretendo, hay, y lo que es mejor, si me quedo callado, los escucho hablar... Y hablan sin mi... Y entonces no estoy sólo y entonces ya hay tacto y olor y vista.
A la mierda esperar lograr el respeto o la comprensión necesaria para yo existir. A la mierda pasar por el aro de la ética de moda, vacía de lógica y llena de hipocresía para así tener esa escucha y compañía que no es más que una mentira, que se prolonga bajo la eterna culpa. A la mierda la retención, a la mierda la medida, el control, el avance, el crecimiento y la madurez. A la mierda la puta madre y todo su patrimonio, a la mierda todos los mandamientos habidos y por haber, que dibujan un final al que sólo un presente caminado libre de deberes y lleno de pasiones puede llevar. A la mierda la vergüenza, la ética, el bien y el mal. No quiero ser bueno ni quiero ser lo mejor que pueda ser, joder. A la mierda buscar el amor y la paz, hacer el amor es dejar de pretender, porque no por pretender ello se extiende. El amor sólo puede hacerse cuando el tacto sorprende, en el cosquilleo renqueante y no en los placebos de la mente.

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