jueves, 29 de octubre de 2015

GRACIAS.

Gracias por llegar tarde. Así abriste una brecha en la tela que adormece en ideas mi vida.
Gracias por el susto, gracias por retrasarme, y por llenar de trabas a mi ambición. Así me descubro como hombre irrelevante, así, de un chispazo, derramas por los suelos toda la importancia con la que cargo.
Gracias por la traición, bendita haya sido la traición y la mentira. Gracias a todos sus mensajeros por revelarme el misterio de la eterna duda. Gracias por enseñarme la fragilidad y el absurdo de las certezas.
Gracias, eternamente gracias por la desesperación. Con toda la fuerza de mi corazón abrazo a tus cómplices, pues son la semilla del disfrute. Que nada vale para nada, que se es uno con la tierra, que sembrar es al mismo tiempo recoger.
Gracias por la madurez y por el peso de la culpa, qué tan valioso bagaje, qué rico alimento para el perdón. Gracias al insoportable dolor de tenerte tan a dentro, pues no me dejaste otro recurso que romper el juicio, y admirar la belleza y la fragilidad que lo subyace a todo.
Gracias calamidad, por el gran amor que te empuja a sacrificarte. Yo nunca he tenido tal valor, siempre trato de caer bien...

CAMINAR

Caminar con las piernas de uno y al paso, recorrer tu mundo y al llegar, ver que el destino es un tránsito más. Nada que preparar, nada que excluir y nada por rescatar. Nada se pierde, nada por ganar, nada empieza y nada acaba, cuando se es peregrino se anda por andar.
Uno con la tierra es equilibrio, sin bastón que empuje el peso, sin promesas que sostengan el camino. Que no existe techo ni me debo a ningún principio, que sólo ante el perpetuo silencio escucho mi eco, que sólo el vacío trae consigo la consciencia y el despertar.
Camina sin destino, caminante, sin destino no existe la pérdida. Aquí estás y más que nadie tú lo sabes, que no existe en verdad otro lugar.
Que se entierren otros, en los profundos pasos de la mentira y la promesa y que en ella juzguen y te llamen loco. Tú camina, por caminar, pues así el principio, es también final.

lunes, 5 de octubre de 2015

PERDÓN.

La rabia y el odio, que se descubren cuanto más se corre la sábana... Tan insoportable la luz, que dan ganas de volver a echarse a dormir, y olvidar por siempre todo sueño de despertar.
Pero, tan dura es la inconsciencia... Tanto dolor causa, que no sé si existe un perdón... No, no creo que verdaderamente exista un lo siento, que puede realmente sentir tanta tortura y dolor. No sé, soportar mi propia piel.
¿Qué cosa es ésta de ser un ser humano? Con sus ropas, con sus preocupaciones por la existencia... No será tan complicado existir, al fin y al cabo, fuimos paridos por naturaleza, ¿porqué vivir tan separados? Yo no lo soporto. Me duele en el corazón la distancia...
El dolor yo sé que es uno mismo. Yo sé que ésta soledad, la que encuentro fuera del ruido y de las luces, ésta pobreza que encuentro en los desiertos es la mía propia. Lo sé porque cuando te miro te envidio. Porque crecen preciosos arbustos en los lugares más recónditos, y flores que se abren aún donde a penas existe agua y yo, a donde yo voy sólo ensucio. Me alejo de ti, porque no soporto verme reflejado en tus cristalinas aguas.
Quisiera unirme a mi pobreza y a mi soledad y no taparla. Quisiera confesarme huérfano, desheredado de las riquezas y conquistas del ser humano. Y tengo, reconozco, la mancha, crecí aquí y no supe no ensuciarme. No me atrevo a dejar mi nombre y cuanto tengo.
Pero quisiera si es posible, sentir de corazón toda ésta maldita inconsciencia, para morir ligero, como hacéis vosotros y al marcharme no marchar.
Quisiera estar de vuestro lado y sentir la fragilidad de mi ser, porque me siento muy sólo. Quisiera ser abrazado por vosotros y no veros desde la distancia. Pero no me atrevo porque no soy digno, porque me doy asco. Quisiera como vosotros, tener tan cercana a la muerte, que pueda sentir el latido de la vida, que incesantemente bombea y llena de formas ésta tierra. Quisiera arrancarme los ojos para no ver ésto que estoy viendo, desde un cuerpo tan cobarde.
Te lo juro que he visto el sentir de un matojo, y el alma de una montaña. Te lo juro, te juro, por dios te juro que lo he visto. Yo os he escuchado y sé que me habéis llamado porque os he ido a buscar. He sido cobarde, he vuelto a casa y os he dado la espalda. Nadie es más culpable que yo mismo de mi dolor. Tomé mis apellidos como familia y te di de lado...
Y perdido estoy, como todos lo están, entre impotentes palabras que rompen contra una voluntad cobarde y sorda.
Los hay que en busca de perdón esperan que "despertar", sea porque la luz aparezca y les abra los párpados. Yo no soy capaz de dar valor a mis lágrimas, porque cada vez que os miro no encuentro ni una pizca de rencor en vuestros ojos. Y os veo, siempre a la espera, de que hoy me una y juegue contigo. Y no, me creo éste amor. Será porque aún hablo desde la soledad y no me doy cuenta de mi verdadera insignificancia. Será...
Pero te confieso un lo siento de parte de toda la humanidad, porque no sabemos de nuestro propio engaño. Nos consideramos lo suficientemente importantes como para recortarle el pico a los pollos y arrancarle los testículos a los cerdos, pero no lo somos. Es la nuestra la más sufrida de las almas, la más solitaria y quebrantada de espíritu. Es nuestro amor el más corrupto, el de los familiares y los amantes y no hay peor agonía en verdad que ésta vida de soledad y pérdida.
Ya ves, que acudo al perdón para romper las distancias y ser uno contigo, y no se necesita más... Ni culpa ni venganza como bien sabes y bien haces, para que la verdad pueda por fin abrazarnos eternamente.