martes, 10 de diciembre de 2013

ARTISTAS...


Lo siento, pero yo no quiero ser actor, ese no es mi sueño...
A mi me mueve el anhelo, lo que yo ansío es despertar...
No quiero dormir bajo colores preciosos, embobado por las bellezas de la vida, corriendo como un loco por el mundo, buscando siempre una primavera, que por naturaleza siempre escapa... 
Yo quiero provocar, despertar. A mí me inspira el mundo, la vida, el alma, el sufrimiento humano, su soledad... Me alimento de ti. Moverme en busca de la idealización de mi imagen, lo veo un movimiento inútil sin futuro, egoísta y sin creatividad.

Yo no quiero entretener a nadie, ni escribir lindeces ni aprender a mentir de la manera más real posible. No puedo ponerme a hacer algo sin saber el para qué, y hoy en día, no hago más que ver colores por las calles, en los teatros, y en la televisión, adornos aleatorios sin otro ánimo que el de atrapar la atención. 

Sin un porqué, sin un deseo, sin amar algo de corazón, todo se vuelve gris poco a poco, y así las empresas se inventan series, museos, teatros y artistas, donde en verdad no hay nada. 

No deseo pinturas ni maquillajes, yo no quiero ser partícipe de esta maldita melodía, que adormece al mundo en un placentero sueño, que enfría el alma hasta ahogarla en una dulce y lenta muerte...

No vine aquí para esto.

Y ahora me llueven palabras, que acosan a mi corazón. Me dicen, eres tú, que nunca encajas ni aquí ni allá, que eres un inconforme por naturaleza, un caprichoso, un soñador, un rebelde sin causa... Me dicen de perder mi mayor pasión, y luego me piden que pertenezca a uno de esos montones de gente que se reúnen para seguir los pasos que alguien, movido por su pasión, dio. Y ciegamente lo imitan, sin dejar tiempo a pensar, obedecen sin rechistar, con la fe, de que cuando lleguen al lugar al que su líder llegó, verán lo que él vio. Y me hablan de compromiso, de falta de inmadurez y me acusan de no saber lo que quiero... Pero lindas flores de primavera, artistas... Cuando lleguéis al final del trayecto estaréis en el mismo lugar que el principio... Porque no habéis entendido nada desde que empezásteis... Esto no se trata de ti, nada aquí trata de ti, si no de ellos. Nada se recorre ahí fuera, el camino está dentro, y tú, siempre estás en el mismo lugar... 

Allá os dejo, que peleéis por la fama, por llegar a lo más alto, que sigáis esa noble frase de luchar por los sueños... Desde luego, sois más excepcionales que el resto de la gente, que no se atreve y que se conforma con trabajar de cualquier cosa... Aplausos, ¡héroes! Desde luego que estáis más dormidos que todos ellos, porque quien vive una pesadilla no desea otra cosa más que despertar, y vosotros, lo más seguro es que sacrifiquéis todo por un sueño... Espero que vuestro viaje os haga cruzaros con experiencias preciosas. 
Muchas personas serán vientos en contrados, y muchas otras serán favorables... Cogerás siempre los más fuertes, aquellos que acompañen más rápidamente a tu destino, y los que no, por el camino se quedarán.

Pero la gloria no es buena compañera, ya te aviso... Ella es una mujer muy deseada y caprichosa, que cogerá siempre al mejor postor, y cuando pase tu tiempo, que irremediablemente pasa, te dejará, sin despedirse, sin siquiera mirar atrás... 

Qué será de mí... Si me entrego a las corrientes de mi pasión y no a las necesidades de mi carne... ¿Hasta dónde me llevarán estas aguas, que corren río abajo din detenerse? No lo sé... La verdad, no tengo ni idea, y prefiero no saberlo, porque si aquí ha de acabar mi tiempo, me llevaré conmigo cada segundo que pasé, y cada ser que apareció... Nada habré perdido entonces, si aquí acaba mi historia... Quizás, cuando despierte estaré en otro sueño, no lo niego, pero si sé que así es, entonces no sufriré por ninguna pérdida, y sabré que acumular, sólo sirve para ser más pesado, y para no poder volar... 

LA PERSONA QUE QUIERE OLVIDAR


La persona que quiere olvidar, y vivir el presente dejando atrás su pasado, es una persona que vive con lagunas, y habla con vacíos. La persona que quiere llevar una vida que no construye, es una persona que vive en un edificio lleno de diques y medio derruido, por la que hay que pasar con sumo cuidado, y a la que el más mínimo impacto natural derrumba.
La persona que es así, ha pues, de vivir entre algodones, y vive construyendo inmensas barreras para aislarse de posibles agentes externos. Y al igual que ciertas personas, también así actúan diversos países. El problema está, en que el problema nunca se soluciona, si no que cada vez más, la fragilidad intenta ser fortificada, y se invade más y más espacio, hasta que finalmente, puede llegarse a abarcar el mundo entero.
Pero ya sabemos el final de esta historia, y no por sabios, si no por lógica. Y es que, al no solucionarse el problema real, el sistema, que tantos enemigos hizo y que tanto se esforzó por mantenerse, finalmente se colapsará, el cuerpo morirá consumido por el cáncer, y éste, caerá sobre sí mismo.

Ignorar porqué estás aquí sentado en este momento, parándote a leer esto, es querer seguir hacia adelante sin saber de dónde vienes. Así andas perdido, como tantos y tantos otros, y esta inercia que a tantos os lleva a la vez, quizás te haga sentir una falsa apariencia de que en verdad no estás perdido. Pero no sois más que una piara de cerdos andando sin remedio, directos al acantilado. Porque eres un cerdo. Saber dónde estás y quien eres, no es cuestión de conseguir llegar aquí ni ser este o aquel, eso es una conquista, no es conocerse. Saber dónde estamos y quienes somos, es conocer el motivo que nos llevó aquí, reconocernos. Es un camino sin exigencia, que exige un esfuerzo y un trabajo, pero que es de paz y es de amor por uno mismo. De perdón y de comprensión, y no de entrega, sacrificio y esclavismo por un ideal a conseguir. Es un movimiento interno, hacia el principio, que no tiene otro destino que el origen. Un lugar de paz, de cero, desde el que todos parten. Y jamás podremos decir que somos libres de nuestro hacer y de nuestra vida, hasta que no partamos de este punto. Pues cada movimiento que salga desde la quietud, es con consciencia y por pura elección, y cada movimiento que salga desde la pretensión, será un hacer en sacrificio de un éxito, con el que cada uno quiera verse a sí mismo, para así gustarse y estar conforme. Lo cual además, joven pádawan, jamás sucederá, porque allí donde las imágenes son estáticas, la vida nunca para. La fotografía, o las escenas soñadas, duran como mucho medio minuto, y todo el tiempo antes, y después de ese gran momento de éxtasis soñado, no es más que un gran vacío.

YO


Si algo merece ser rescatado de mí, es cuando he sido transparente. Cuando dejé ver lo que había tras de mí. Todo cuanto sé te lo debo a ti, y siempre que creo saber, dejo de ser tú. Porque si algo puede aprenderse, es a desprenderme, si es que tal cosa es posible, porque en verdad, tú, eres yo. He usado tus palabras para ser más grande ante los demás, y en toda mi grandeza, no era nada.

Es algo difícil de entender, que quien mira, es quien se ve a sí mismo en el espejo.

Parece un juego de palabras, o un juego de espejos. Pero no se llega a nada en verdad pensando el acertijo, lo que se necesita, es desprenderse de uno mismo.

He sentido tus susurros en mi corazón, cálidos, tan inmensos como el origen mismo, y he leído sus palabras. Dicen que no tienes historia, que no eres de aquí ni vas allá. Que ves allí donde quieras ver, que no hay en ti, ni espacio ni tiempo, y que no hay pues barreras ni miedos que detengan tus ojos. No hay quien defender, ni quien deba ser definido.

Y me has enseñado a ver... 
Y he visto, que hablar de ti es tan estúpido como hablar sólo, que yo en verdad no existo, porque tengo que pensarme para ser. 
Tengo que recurrir a la memoria, soy una invención, y sin esfuerzo, sin el yo, que ya era antes de ser, no puedo en verdad existir.

No defiendas una verdad que no tiene que ser defendida. Ella habla por sí sola, así como el sol sale y se esconde, así ella habla. No te pierdas su amanecer, por tratar de explicarme, lo incomprensible es sólo algo que ha de experimentarse. 
La verdad continuará latiendo, día tras día, sea o no reconocida por el hombre. Pero todos ellos la llaman y la reclaman, y de tanto gritar, no escuchan.

Buscan encontrar una verdad, que les haga irse tranquilos a la cama, que les despeje por fin las dudas, que ponga fin a su frustración y sufrimiento. Todos, a su manera, buscan la salvación. Pero nunca llega, siempre se escapa algo, al final siempre escapa... No se puede retener... Mantener algo por siempre, embotarlo, tenerlo a mano siempre que uno quiera, no se puede... No se puede poseer porque tal cosa como el yo, no existe. Vivir aislado es vivir en la ignorancia, porque somos el aire que respiramos, y el alimento que ingerimos. Somos agua y somos todo aquello con que nos relacionamos, porque sin relación, nada podría ser. 

¿Qué puede pues poseerse? ¿Qué puede ser retenido? ¿Qué lucha tan estúpida es ésta, de la posesión de la verdad? Jamás podrá llegarse a nada, y jamás nada llegará a ti, tú, ya estás en todo y todo está en ti. Esto no es diáfano, ni raro ni hace falta ser entendido, sólo hace falta desprenderse de uno mismo. 
No puede existir un conocimiento que poseer, sólo podemos navegar por él, respirar de él, viajar, conocer, sin llevarse ni rescatar nada contigo. De este sueño, no vas a llevarte nada. 

¿Quieres saber quien eres? No eres tus pensamientos, no trates de encontrar la respuesta, el origen del mismo, el pensamiento invariable, la verdad irrefutable, todo eso es temporal, variable, como las nubes... Tú, no eres tus pensamientos, sin embargo, hay pensamientos. No serás cuando aprendas a ser tal o cual cosa, porque mientras aprendes, sigues siendo, y cuando olvides, también serás.

Tú, no eres tus sentimientos, ellos te pintan de gris cuando el paisaje es gris, y te pintan de amarillo cuando el sol brilla y te da calor. Pero el tiempo pasa, uno envejece, y las personas amadas mueren... Las hojas caen, y la lluvia cesa. Los sentimientos van y vienen, como las estaciones. Son circunstanciales, son temporales, son variables, no puede haber identidad en ellas, por mucho que las persigas y luches por una, no son tú. No eres las emociones, sin embargo, no podrás evitar que las haya.

Tú, no eres el cuerpo, él crece, en tamaño, en bello, envejece y finalmente muere. Puede también reproducirse, partirse, perder una pierna, un brazo, quedarse ciego o sordo, siempre cambia, y está sujeto al tiempo, a las circunstancias, y a las leyes que lo formaron. Tu cuerpo no puedes ser tú.

Tu ropa tampoco puede definirte, por muy marcado que sea tu estilo, por mucho que pertenezca a tu cultura, no puede ser tú. Porque cuando te cambias de ropa quedas desnudo, y desnudo, sigues siendo tú. Tampoco eres tu coche, ni tu casa ni tu familia, porque sin ellas, seguirás existiendo. 

Si no eres ninguna de estas cosas ¿Porqué entonces querer cambiarlas? ¿Porqué tanta lucha por aunarlas, por igualarlas, por hacerlas predecibles? ¿Quién somos? Es la pregunta... Esa parte invariable de la oración, ese sujeto... ¿En qué lugar, dentro o fuera nos encontramos? ¿Sujeto omitido? 

El ser, no puede ser definido, pues es quien define. El ser es, y siempre ha sido, antes que el hombre aprendiera a dibujarlo con sus ojos, o a escribirlo con palabras. No hay un quién en el ser, el ser sólo puede experimentarse, y en el momento que quieras rescatarlo, conocerlo, o creer que sabes quién es, dejas de ser. 

Pero tratamos de aunar la mente en una idea que nos aleje de la perdición de tantas, buscamos un sentimiento con el cual vivir siempre, y nos amoldamos la vida para que así sea sin el más mínimo éxito. Tratamos de mantenernos jóvenes reconocibles, perdurables en el tiempo, y asegurar nuestros bienes, y mantener nuestra familia unida, y unir a la humanidad bajo una misma moneda, un mismo idioma y unas mismas normas. En nuestra búsqueda del ser y de liberarnos, hacemos presa y somos dictadores de nuestra propia mente, de nuestras emociones, de nuestro cuerpo y nuestro ecosistema... 

Pero hijo de dios, si en lugar de tratar de liberarte y luchar, dejases a la mente volar, y a las emociones calar tu cuerpo, y al cuerpo respirar, y al mundo latir, entonces, el ser se liberará, se revelará de entre todas esas cosas, y podrás, por fin, elegir...

SIN TÍTULO

Una vez perdido todo el instinto,
una vez aturdidos los sentidos,
y una vez perdida la mente en un infinito universo de respuestas,
te dan a elegir.

Primero, cuando eres un folio en blanco,
cuando tienes la increíble capacidad de hacer de tu vida y de este mundo lo que quieras,
se te llenan los días de obligaciones, mucho más grandes (dicen) que tú, 
a las que hay que atender, y obedecer sin explicación alguna, y sin rechistar,
porque de otra manera no podría asentarse jamás, 
semejante mierda de mundo, en la cabeza de un niño.

Y así poco a poco, se asienta en uno mismo el control, el juez, el profesor. 
Porque es vital para la supervivencia hacer nuestro el entorno, 
para así corregirnos antes de cometer el fallo. 
Y llega un momento, véase así los 18 años, 
en el que uno tiene bien formado e injertado en su cabeza al coronel, 
y entonces, en ese momento y no en otro, 
uno es libre para elegir... 
Elige a una buena chica, elige un buen trabajo, a ser posible que te apasione, porque es lo que nos toca en esta generación, no como en la anterior que se sacrificaron tanto para que tú pudieses tener la oportunidad que ellos nunca tuvieron. Ahora puedes elegir a lo que dedicarte el resto de tu vida, ahora y no antes, o bueno, ahora ya tampoco... Pero sí quien te gobierne, bueno, eso tampoco... pero el caso es que ya tienes en tu cabeza la suficiente información, y no conocimiento, como para votar, y no para... Pensar en cosas totalmente distintas, como cuestionamientos humanos de interés espiritual o universal, o lo que coño sea... 
Ahora ya puedes salir al patio de la vida tranquilamente, porque ya hay un profesor en la cabeza de cada uno de nosotros, vigilando cada palabra que decimos, asesorándonos, controlándonos, y dando permiso a él o a ella, para penetrarle, o, poder ser penetrada/o. Porque hoy en día, a nadie se le pasaría por su santa cabeza salirse de lo cotidiano. Y más aún estando rodeado por personas que tienen la aprobación de su juez interno, y son tan exitosas, tan satisfactorias y tan correctas, y que aman hacer gabinetes llenos de personas de éxito, con las que comentar su exitoso ego, y sacarlo a pasear con el de los demás. Y si no te gustan... y si eres raro y a social, pues mientes y punto, dices que todo te va muy bien, que estás eufórico y que todo lo que te rodea te hace quedarte con la boca abierta, que eres super interesante, amable y que estás interesadísimo en las cosas que los demás cuentan, y en la vida que haces, porque si no te desaprobarían, y te harían sentir que en verdad no vales... OOOOhhh... Has cometido un fallo... Ya no vas a poder follarme... Oghhhhhh... Lo siento, estás sólo... Quizás... necesites hablar con alguien, que tenga esos cinco minutos tan vitales y que recordarás por el resto de tu vida, como el momento más trascendental que viviste, en los que alguno de esos maravillosos muchachos/as, hico el gran favor, de sentarse contigo, ponerse a tu nivel, y decirte qué cosas deberías de hacer para entrar en el club de los arrogantes gilipollas.

Pues pueden pasar así muchos muchos años, sin conocer la verdadera cara del ser humano, andando detrás, y lamiéndole el orto a un montón de gente, con la que, a lo que más llegarás es a saborear el maravilloso, y amargo sabor de una buena polla. Y nunca, nunca, por mucho que vayas a un gimnasio y te pongas un traje aerodinámico, o por muy cultivado que consigas tener a tu personaje, podrás sentarte a gusto, ni sentirte acompañado, ni estar en paz, ni estar tranquilo, ni sentirte en tu sitio, ni tener un hogar, ni poder salir sin un nudo en el estómago, pensando o leyéndose trucos para estar y para ser de la mejor forma posible.

Quizás sería mejor si escribiese ahora mismo algo muy positivo, que invite al lector a decir, oye, qué interesante es este chaval, que buen rollo me transmite, voy a contar con él, no me importaría tirármelo, parece un tío feliz... Oye chico, me conviene acercarme a él, tiene una forma de ver la vida que me atrae, yo quiero eso para mí, porque la vida está ya de por sí demasiado llena de problema como para andar metiéndome en más. Es mejor huir, acercarme al árbol que mejor sombra me dé, y dar de lado a todo lo demás. Si, sería mejor eso para mí. ¿No? Y de esa forma, cuando quede contigo, tendré que estar nervioso por lucir mis mejores galas, y star a la altura, y producirme estados anímicos eufóricos, como en constante excitación, como una polla humana erecta y ansiosa. Y claro... Si descubres el pastel algún día... Si te enterases de estos pensamientos internos dirías, joder... Pero que mentiroso... Me ha vendido humo... Si piensa estas cosas es porque no las tenía de antemano, bueno, iré a buscar a otra persona que sí tenga cosas que aportarme que ME interesen. Dicho así, la verdad, prefiero rehacer el escrito, hacerlo completamente catastrofista, incomprensivo y horrible, deprimente a más no poder, y de esta forma, al no poder caer ya más bajo... Lo único que se puede es subir...

hahammm...

SER O NO SER


El tiempo empuja mi cuerpo ante la brecha, que separa la vida de la muerte. Por aquí la humanidad entera pasó, y sus huellas dan voz a las paredes que ahora me rodean. Hablan de vivir o morir. De entregar la vida a una pasión, de moverte empujado por la fuerza del alma y visitar lugares jamás imaginados, o temer al cambio que padecerá mi carne, y hacer de mi vida algo aislado del mundo, solitario, temeroso y muerto... La historia se ha escrito con las palabras de la muerte y la corriente a veces es demasiado fuerte...

Luchar... Luchar contra corriente... Morir, antes que la muerte me de por voluntad alcance, pero vivir... Mientras pueda y tenga aliento, no en distancia ni en tiempo, si no en profundidad y corazón...

Vivir o morir... Esa es la cuestión...

Alimentar de muerte la tierra, o entregarle mi espíritu, mi alma y mi cuerpo... ¿De quién estoy de lado?
¿Del asfalto que ahoga con su manto la naturaleza, o de la imparable fuerza del cambio que derrumbará cada una de las estructuras que tanto nos esforzamos por mantener, con el simple y liviano impulso de la pasión?
¿Estoy con lo eterno, o con lo temporal? ¿Comulgar... con la vida o con la muerte? 

Ser... O no ser...

jueves, 5 de septiembre de 2013

I DREAMED A DREAM, SO DIFFERENT FROM THIS PARADYSE IM LEAVING.


Y yo te pregunto, a ti,
¿Qué hacer cuando, de pronto, la vida deja de ser una constante obligación, y se convierte en un mundo lleno hasta reventar de alegría y tranquilidad...? ¿Un mundo, que vive esperando incansablemente a que lo pruebes?

¿Qué le dices entonces a quien, después de esto, te dice cómo son las cosas y cuáles son tus posibilidades? ¿Con qué ojos le miras?

Qué haces, cuando de un día para otro, te das cuenta de que aquello de lo que todo el mundo habla, eso por lo que todos se matan por conseguir, está aquí, 
y que no hace falta absolutamente nada más, que sentarse y dejar pasar a este mundo, con sus prisas, su estrés y su ritmo frenético... Porque son el carbón de este tren, con pasaje directo al vacío... Tan sólo es necesario caer a lo más profundo de uno mismo, y dejar que sea el sol de la mañana, el que encienda un día más... 

Qué harías tú, si una noche, toda tu vida diese un vuelco de 180º, y te quedases boca a bajo, sintiendo cómo la sangre recorre tus piernas, tus manos y tu pecho, y por primera vez en todos tus años, vieses las cosas en orden... 

Aquel día, dejé de representar mi guión, y el personaje, se desvaneció... Y allí quedaron todos, encerrados en aquella maravillosa obra teatral llamada Phelps school, matándose por mantener un mundo a flote, que ni cree en ellos ni cree en la vida ni cree en nada. 
Y no he dejado de verlo desde entonces, allí donde fuese, nunca encontraba más que la soledad y el estrés del actor, que oculta su verdadera cara con el maquillaje del back stage, porque allí donde fuese, siempre se representa algún show...

Yo, aquel día, rompí mi papel ante todo el escenario, y vi los miedos que separan a los hombres del mundo... Y ya no puedo creer lo que decís por vuestra boca... Porque vi cómo me gritabas en la cara, desde un lugar al que ni tú ni nadie podéis jamás entrar... Y decidí reír...

Nunca has pensado esto de mí, porque nunca me has preguntado de verdad. Tú tan sólo me has echado un vistazo fugaz, de esos que echas por la ventana del coche en ese incesante tránsito entre destinos al que llamas vida...

Y ahora coges y me hablas de cómo ser mejor, de cómo evitar sufrir, de cómo ser feliz y vivir entre luces de colores, me vendes el éxito con frases hechas, y hablas de todo un mundo vacío de creatividad... Y yo te he visto, y no tienes color hermano... No hagáis caso a quienes os vendan estas cosas, que no traen más que exigencia, competitividad, estrés y odio. No escuchéis a quienes dan soluciones y no comprenden, porque el tiempo se encargará como siempre se ha encargado, de dejar de ridícula cualquier rotunda afirmación que se dé... 
Todo eso no son más que trucos que no sirven de nada, porque en verdad quien lo vende no cree en nada... 

Y así es como tú lo haces, pierdes de antemano la esperanza, porque eso aprendiste en tu primera batalla, esa, en la que te rompieron el corazón y las ilusiones... Esa, en la que el olfato se esfumó, el telón desapareció, y el actor, calló dormido en los brazos del personaje.

Habláis, como si aquel lugar en el que yo estuve no existiera. Pero nadie puede negarme que exista, porque lo he pisado con mis propias piernas, y te aseguro que eran más mías que nunca...

Yo no sé qué es lo que harías tú en mi lugar, o que opción hubiese sido la más correcta, pero si me dejas, podría contarte lo que hice yo...

Me cagué... 
No me atreví a asumir las consecuencias, a consumir la secuencia de acontecimientos que trae consigo la libertad. No me atreví a vivir el nuevo mundo que se abría ante mí... 
Era demasiado distinto, demasiado desconocido... Y yo era demasiado joven, tenía aún muchas ilusiones que romper.

Pensaba: Antes quiero conseguir ser este, o tener esto, o tener aquello, creo que suponía que tener ciertas cosas, ser una versión mejorada de mí mismo, más completa, podría ser complementario a la libertad de mi ser... Quería de alguna forma, demostrarme a mí y mi gente, que era también capaz de triunfar...

Pero no ha sido así.
Me he encontrado sólo, muy sólo y perdido... 
Durmiendo bajo un interminable sueño pasajero, lleno de éxitos y derrotas, de gente y de mujeres, del que ansiaba despertar... 
Pero esto no es un sueño, y se han cruzado por mi vida tantos momentos perdidos, tantas maravillosas personas, tantos animales, que de corazón he amado, tantas oportunidades que vivir, que realmente no me quedan ganas de seguir dormido...
Quiero vivirte... 
Porque por muy bonitos y abundantes que sean los sueños, la vida es mucho más intensa cuando uno está despierto...

Aquellas ilusiones se me rompieron sí. Maduré, como tantos y tantos otros antes que yo hicieron, y mis ilusiones volaron como sedimentos arrancados de la roca por el tiempo. Se descubrió así la desesperanza como auténtica parricida, que llena las bocas de los mayores de desilusión y pesimismo, y de una inevitable ansia por matar la ilusión de los aún vírgenes... 
Se descubrió lo fácil que es, que los años se ocupen de arrancarle a uno las ganas de vivir, y se acabe dedicando a matar el tiempo de la forma más entretenida posible.
I dreamed a dream... So diferent from this hell im leaving...
Pero no, el mundo no puede ser esto, y si así lo fuera, lo mismo me valdría estar ya muerto.

Y ahora, desde aquí arriba, cuando miro atrás, me doy cuenta de todo...

Crecer es darse cuenta, de que somos más que lo que ven de nosotros, que eso es tan sólo el personaje que las circunstancias nos dieron, y que todos, sin excepción de lugar ni de tiempo, estamos tras el papel. Madurar no es perder el anhelo y la pasión por muy duros que sean los golpes que el tiempo nos dé. Madurar, es encontrarse con uno mismo, y romper los papeles que encadenan al mundo, y ver, donde quiera que vayas, que estamos todos unidos por igual, en el back stage de la vida, para después actuar con la paz y la tranquilidad suficientes, como para hacer del escenario lo que uno quiera.

Madurar, no es rendirse, si no romper en la lucha con las ilusiones físicas, porque no son más que el reflejo de la pasión y de la alegría, y que la obra, sin tí, jamás podría existir...
Y cuando madures, entonces verás que lo que ahora hay y siempre ha habido, tú, es infinitamente mejor de lo te cabría esperar... A sí que tranquilo, porque hasta el momento, no hemos hecho más que perseguir espejismos... 

viernes, 26 de julio de 2013

pinche webón

Cruzaba el cielo el pájaro, aleteando el aire con las alas... Recogía con ellas el impulso para flotar, y con plena libertad, bajaba, subía, daba la vuelta, giraba, volvía a bajar, se perdía en la inmensidad del cielo, y disfrutaba de su máxima expresión sin límite alguno...

Un hijo de puta, desde su ventana escondida, sacó su escopeta de perdigones, y le disparó. El pájaro calló empicado, se estrelló contra el suelo, y el malparido, como calló también de cabeza contra el suelo al salir del coño de su madre, algo le tocó realmente dentro de sí.

Él era un bastardo, un vástago, era un náufrago, un vagabundo que peregrinaba siempre en busca de un hogar... Y en su decadencia perpetua, perdido todo él del abrazo del cielo, cogió su fusil, del mismo modo que su padre hizo, y plantó la semilla la semilla de la muerte en el cuerpo de aquel pobre animalito...

Bestias pardas los hombres, hijos de puta, burdos bastardos, creídos y crecidos hijos de puta, que habláis siempre de vuestro sufrimiento, y os restregáis en él como tratando de rescatar algo de amor y de bondad. Seres putrefactos, la soledad es el precio a pagar por quienes creen estar por encima de todo...
Sufrir, es lo más justo, llorar, engancharos a relaciones fracasadas, llamar a vuestra naturaleza mala, y tomar al amor y a la felicidad como un imposible... Eso es, sí, condenar de esta manera a las generaciones venideras y condenar al mundo también con ellas.
En tu pequeño mundo, hijo de la gran puta, que es un mundo falso y lleno de mentiras, todo es una constante lucha, por tener y por mantener, y yo me pregunto, siendo tan inteligente como lo es la especie humana, ¿porqué tanto y tanto sacrificio y lucha por lo inevitable? Todo se irá tarde o temprano, incluso tú, sí, tú! Tu que estás exento en tus pensamientos de cualquier suceso, tú, que serías siempre el único superviviente, tú, que crees ser el epicentro del universo, buscando vivir experiencias para poder decir: Ahí estuve yo! Yo fui uno más... Como si tu historia fuese a tener la menor relevancia en la histopria del universo. Pedazo de mierda de capullo sustancialmente pecaminoso. Sal de donde vives, sal a conocer la vida, sin nada. Mira de tú a tú a la vida, a los hombres, a las calles, a los animales. Sal y atrévete a ver las cosas por tí mismo. Sal, joder, y rompe las cadenas que mantienen esta tiranía que dibuja el mundo.

Porque no has visto a un cerdo llorar mientras lo llevan al matadero, ni su insignificante vida... Porque te horrorizas por el trato que recibieron los judíos por los nazis en los campos de concentración, y sin embargo, no pones pegas a los cebaderos y mataderos industriales... Claro, que el ser humano es una especie superior supongo... Tú sí lo mereces, claro, sí, tú y el resto de los tuyos estáis a otro nivel... Creo que una mente clara y serena puede pensar con mucha mejor eficacia sobre este asunto, y la verdad, simple y llana, es que no estáis solos como humanidad, no coméis humanos, ni los respiráis... Psicológicamente sí, y así pasa, puesto que en vuestra pantomima mental, como he dicho antes, estáis solos. Y si de esta forma, consumista, temerosa, egoísta, y, en definitiva errónea de ver las cosas, tratáis a los animales, no es lógico que os tratéis entre vosotros? Que os midáis por vuestra productividad, por la capacidad de alimentar a organismos que estén por encima de vosotros...
Morís "como chinches",  uno tras otro por el cáncer, no sabéis aún la cura, porque no os comprendéis a vosotros mismos, que sois un cáncer para el planeta. Si desaparecieseis como especie, el planeta se recuperaría en muuuuy poco tiempo... Pero aquí no está la condena, tranquilos... El cáncer es una desconexión con el al rededor, una pérdida de sentido de existencia, y eso lo padecen las células, que están hechas de lo mismo que tú, y nos ni menos ni más que tú,y si lo comprendieses, entonces encontrarías la cura, la cura para el mundo y la cura para el ser humano.

Así que no seas pinche cabrón, huevonaso machón!!

sábado, 4 de mayo de 2013

Papa, Mama, ¡¡YA ESTOY EN CASA!!

Llegó un día en el que me tumbé en una isla creada de certezas, tan sólida en sí misma, que se mantenía y me mantenía a mí a flote durante toda la eternidad. Ahora que estaba ahí, sólo me quedaba disfrutar del logro de tantos y tantos años de búsqueda humana... Tumbarme a la bartola y no hacer absolutamente nadaaaaa... 

Iba a la deriva, sabía que la tierra era redonda y que nunca dejaría de flotar de un lado a otro. Sabía que había vida más allá de mi muerte, y cuando flotase en aquella inmensidad que se asomaba a la tierra, seguiría sin hacerme falta mover un dedo, pues todo seguiría exactamente igual. Una eternidad entera, indefinida, simplemente estando...

Y de repente, el sólo hecho de pensarlo fue tan desolador, que tuve que sollozar y sollozar para bañarme en un mar de sentimientos que tomaran distancia con el completo absurdo de mi vida.
Pero no podía, de alguna forma había encarado la forma concreta de mi verdadera cara, y era la cosa más horrible que podía existir. Realmente, tenía ganas ya no de morir, si no de borrar por completo mi consciencia o lo que quiera que fuese eso que estaba en mi cuerpo. De hecho, pensar que después de esta vida hubiese más de lo mismo... Me... Eso... Imagínatelo!!

A sí que me tiré al agua. No tenía ni puta idea de que pasaría, de si habrían ahora barcos al rededor o islas o lo que sea... La corriente iba poco a poco alejándome de aquella isla, las aguas me columpiaban mientras yo me mantenía a flote, viendo como aquel montón de mierda insufrible se iba transformando en una línea cada vez más pequeña. Ahora estaba entregado a aquel inmenso océano... No era mi territorio, ni mi casa ni mi hogar ni nada. Me vi completamente perdido, temiendo por si en cualquier momento alguna criatura marina me mordería los pies. El simple hecho de imaginarme algún tiburón, o de pensar en todas las criaturas que estaban hiendo de un lado para otro por debajo mío me estaba poniendo histérico! De modo que me puse boca arriba, y por primera vez, tuvo algo de sentido hacerse el muerto. El columpiar de las olas era incesante, no había referencia alguna y no tenía idea de saber de si iba o venía. Estaba realmente abandonado a merced de la corriente, viendo como el sol se ocultaba haciendo su misma puta rutina de siempre, sin tener en cuanta que yo ya no estaba en la mía, y que por la noche los tiburones cazaban y que yo me podía morir de frío! 

Se lo dije, a pesar de saber, porque aún lo sabía todo, que no serviría de nada, pero aún así lo hice... Mira, se lo pedí por favor primero, me lo tomé a broma, luego le rogué, y finalmente ya desesperado comencé a gritarle. Chapoteaba el agua, la golpeaba y me arranqué un par de mechones de pelo. En aquel momento, tonto de mí, pensé que si me veía lastimarme a mí mismo dejaría de hacerlo, que me mantendría caliente e iluminado... Pero no pasó a sí, siguió bajando, poco a poco sin alterar en lo más mínimo si trayectoria o velocidad, no volvió a mí la isla, a pesar de que sólo la usaría por una noche, no vino a mí, y tampoco amainó el frío... Calló la noche, y con ella vino también una tormenta. Soplaron fuertes vientos, y cantaban truenos al unísino de las olas. Yo también me decidí a cantar, total, nada de lo que hiciese iba a cambiar nada...

Pero yo, que era un ser especial de luz, me mantenía reticente a abandonar mi grandiosidad, y pensaba que quizás, ahora que ya no actuaba para cambiar los acontecimientos, ahora que ya estaba viviendo fuera de aquella isla de certezas, cambiarían las cosas. Pensaba que era el ojito derecho del mundo, y que en el momento en que le respetase y aprendiese la lección, éste se pondría a mis pies. Y entonces, según escuché la estupidez de mi pensamiento, caí en la cuenta de que estaba nuevamente construlléndome una nueva isla de la misma asesina sustancia que la anterior. Si, era completamente gilipollas. 

Y por fin me paré un momento, detuve mis manos, paré a mirar un amor conectado en el chat de la barra izquierda de mi facebook, y detuve mi mundo. Ahora hablaban mis orejas, y mis ojos comenzaron a maravillarse... Jamás había escuchado el verdadero sonido del mar, ni el ritmo y el compás que hacen las olas con el viento, ni había sentido lo increíble que era estar metido en un minúsculo cuerpecito que funcionaba por cuenta propia. 

Me quedé estupefacto ante aquella inmensidad, jamás, jamás, nunca, había estado sólo!! Entonces caí en la cuenta de que compartía destino con todas las criaturas que andaban bajo mis pies. Sentía la corriente arrastrarme, recorrerme y jugar con la silueta de mi cuerpazo. Ondulaba mi pelo y lo acariciaba continuamente, iba y venía sin parar, y por primera vez, no quise que nada cambiase, no me importaba que no fuese a acabar la noche, ni que soplase más viento ni nada de nada. Y no hablo de un estado de indifrencia y pasotismo, si no más bien de un disfrute sin condiciones, sin reservas, una entrega a lo que había ante mí, que no tenía límites. 

Sólo me quedaba nadar, nadar bailando, compartiendo, pues es lo único que realmente puede uno hacer en esta vida, todo lo que el momento traía consigo. 
Y entonces vi, reflejado en cada ola, que de nada sirve la estupidez de pensar que uno conoce al mar por mirarlo desde un sitio alto, o por imaginarlo, por leerlo en un libro o por escribirlo en el ordenador... Vi claramente por primera vez en mi vida, que la había pasado entera buscando una maldita isla en la que tumbarme y dejar de vivir. Había estado separado de la mismísima vida que me había mantenido a flote, y yo me creía más listo que ella por estar en aquel lugar privilegiado, lejos de trabajar y moverme para que funcionase... Era un jefe de empresa, subnormal, de esos que de vez en cuando se pasean por el negocio para asegurar su subsistencia, pero que jamás se plantean bajarse donde la plebe, a sacar con sus propias manos el maicito y las fresitas que tanto le gusta degustar. Me creía un rey por estar en la cima de todo aquel montón de mierda podrida, pensando que la acumulación de certezas llenaría mi vida.

Y allí estaba yo ahora, más perdido que nunca, en la mayor mierda de lugar con el que podría haber soñado en mis estados agilipollardados de conciencia, disfrutando de la noche, de la espuma, del frío, de las olas, del viento y de los seres que compartían aquella experiencia.

Nadé al día siguiente, no se a donde, bailaba con la corriente... No había realmente lugar al que quisiera ir, no quería descansar... Ya estaba en casa.

jueves, 18 de abril de 2013

tigre


Soy un ser que camina a cuatro patas, recubierto entero de pelos, naranjas y negros. No recuerdo en que momento fue, pero si recuerdo que alguno por ahí perdido, aprendí que era un tigre. En el mismo lugar que yo, un pequeño espacio rodeado por altos muros de piedra lisa, conviven dos más. Uno es mi hermano, y el otro que estaba aquí mucho antes que nosotros. Mi padre.

Y aquí estamos, tumbados, mirando como cruzan los pájaros de lado a lado de los muros. De vez en cuando, perezosamente mi hermano me da con su pezuña en la cara, en un intento de mantener la alegría y la vivacidad del juego que antaño era un mundo entero. Nuestra relación ha cambiado mucho, ahora ya, que no hay aventuras, no hay verdadera razón para comunicarnos, y de vez en cuando, como un salvavidas, nos preguntamos el uno al otro cuánto falta para que llegue la hora del almuerzo... Ahora somos mayores, ya no tenemos miedo, ahora conocemos el mundo que nos rodea, tanto... Que nos aborrecemos de nosotros mismos. Pero no siempre fuimos así no.
Recuerdo una época en la que caminar era una aventura, hace muchos muchos veranos ya... Recuerdo que todo se veía más grande, y, contábamos los días pasar. No es que los contásemos de uno en uno, de hecho, no sabíamos contar, ni sabíamos que la sombra era producto del movimiento del sol, ni que las estrellas no eran más que astros que nada tienen que ver con nosotros, ni que las nubes fuesen agua evaporada que de vez en cuando cae, ni que el viento fuesen masas de aire frío y calientes, ni que los rallos fuesen parte del panorama... No, el mundo era un lugar misterioso, lleno de sorpresas y de universos recónditos bajo cualquier peñasco, y, curiosamente, sin saber contar ni sumar, cada día contaba, y cada cosa sumaba... 

Pero un buen día, el que estaba aquí antes que nosotros, dijo que ya teníamos el tamaño suficiente como para aprender, y nos enseñó todas estas cosas. El parecía un ser sin miedo, permanecía impasible ante todo cuanto pasaba, los rayos que a nosotros nos aterraban, resaltaban su imponente e inmutable silueta, que, junto con su gran tamaño, nos inspiraba la certeza de que su palabra era la ley. Nosotros queríamos ser fuertes como él, y así atrevernos a adentrarnos en lo más profundo de aquel misterioso mundo.

Él nos fue enseñando cómo debía comportarse un tigre a medida que su cuerpo se desarrollaba, y el ridículo que hacíamos al jugar de esa forma entre nosotros, y lo tonto que era ver a un tigre gruñiendo y saltando de la sombra. Nos explicó con impaciencia por nuestra resistencia a esa realidad tan aburrida, lo que en verdad son las cosas. Parecía obsesionado por explicarlo todo, por volver cada cosa mental y lejana, se empeñaba en dejarnos sentados, y dejarle todo el protagonismo a él. Yo quería aprender a cazar, a adentrarme en los mundos sin miedo, pero todo lo que hacía era destruirlos con connotaciones ridículas y dejando de idiota cualquier duda o posible cuestionamiento de sus enseñanzas. A veces, para callar nuestra ansia, no tenía más que ponernos contra nosotros mismos y preguntar: ¿Lo has entendido? Entonces nos mirábamos mi hermano y yo, y, como en una carrera, decíamos para salvarnos: SI!!! Yo tigresalmente le temía de sobremanera, de modo que no me quedó otra más que callar, y, como mucho, esperar a ser lo suficientemente grande como para poder contradecirle.

Pero pasaban los años, mi hermano se veía cada vez más distante, y para mi era ya realmente vergonzoso hacer del suelo un castillo, una casa, una montaña enorme... Comencé a avergonzarme del desarrollo de mi cuerpo, pues cuanto más crecía, más debía desarraigarme del mundo. 

Mi padre y mi hermano, parecían entenderse de buena manera. Mi hermano se había vuelto ya casi uno de ellos. Hablaban de cómo bajaba la comida por la pared, de los sabores de la carne, y soñaban con pasarse el día atiborrándose de más y más y más y más comida. A mi me aburrían de sobre manera esos hablares, y me creía algo tonto e infantil, por no encontrar gusto a ese mundo. A medida que crecíamos, iba viniendo cada vez más a menudo el "domador". Él era un hombre lejano, que nada tenía que ver con nosotros, y siempre traía un látigo, y una cesta con la tan ansiada carne. Nos metía a mi y a otros compañeros en una sala distinta, con poca luz, y una salida de aire arriba en lo alto, donde podía verse el libre azul del cielo. 
Nos enseñaba cosas estúpidas tales como saltar por un círculo, y levantar la pata cuando el lo decía. Yo no sentía la necesidad de hacerlo, de modo que no lo hacía. Pero entonces él, creaba tal necesidad, y me azotaba. Mi hermano y los compañeros, por el contrario saltaban, y amenazaban con sus garras la vida del "domador", pero era estúpido, porque esa era la forma en la que éste conseguía hacer que levantasen la pezuña. 

Sin embargo, era conmigo y con aquellos que no respondían con quien más se ensañaba, y yo no lo entendía, nunca le amenacé de muerte! No tenía, para empezar el menor sentido para mí el haber entrado en ese lugar, y por otro lado, sólo quería que me dejasen en paz, porque yo levantaba la pata para mear, saltaba para cazar y gruñía para expresarme, no porque sí. Durante años, mi padre y mi hermano se impacientaban al tratar de meterme en la cabeza que es la forma en la que se vive, y que no existe nada más. Pero yo sabía que el día que levantase la zarpa sería para desgarrarle la cara al domador y devorarlo entero, pero, ¿quien era yo por aquel entonces para transformar la realidad a mi antojo? 

Así pasábamos los días, hiendo de casa al domador, y del domador a casa. Yo sentía cómo me iba quedando cada vez más atrás, pero es que no podía... No podía estar en aquel lugar oscuro, y centrarme en el hombre del látigo, levantar la pata y hacer como que le iba a matar... Sencillamente no me tragaba esa estúpida pantomima. El látigo era una mierda alargada que picaba un poco, pero que para nada atentaba contra mi vida. Y yo pasaba las horas absorto y anonadado; no podía quitar la mirada de aquella pequeña ventana, porque no podía perder el azul del cielo que me llenaba de impulso y de júbilo. No podía perderlo porque era lo único que me hacía seguir vivo...

Cuando volvíamos a casa, yo me tumbaba sólo a mirar el cielo, aspiraba halos de instinto, de animalidad, de salvajismo y bastedad. Veía allí entre las nubes mares inmensos, en los que podía yo correr y saltar todo lo fuerte y todo lo enorme que quisiera, en los que podía gemir, y ser tan fuerte como pudiese, porque era tan basto, y yo tan insignificante, que todo cuanto yo hiciese no perturbaba en forma alguna todo aquello. Corría y danzaba perdido en el inmenso vacío, y yo brillaba con todo mi ser sin el más mínimo resquicio de vergüenza ni retraimiento. Era todo lo que alcanzaba a ser...

Pero a medida que crecía, había menos tiempo para soñar... El barco que se mantenía a flote de la pesada "realidad", se hundía cada vez más en sus oscuros océanos con el peso del tiempo, y poco a poco, el oxígeno se escondía en las esquinas más altas, como huyendo de una muerte irremediable... Yo lo buscaba como loco, y sabía que allí arriba, más allá de estos muros condenados a hundirse, existía un espacio infinito lleno de aire...

Mi hermano y mi padre, hablaban de la de nutrientes que tenían los nuevos piensos, y de lo en forma que se mantenían a base de huir de los golpes del domador. En verdad les gustaba huir de el! Yo les veía disfrutarlo, habían aprendido tan bien la rutina, que ellos mismos buscaban el azote, pues era el impulso que necesitaban para moverse. Se veían a sí mismos musculosos, vigorosos, temibles y fuertes. Habían acatado esa era la forma de vivir, aquella mierda ahora formaba parte de sí mismos, y así se relacionaban con todo lo demás.
A veces, mientras yo buscaba mis recodos de soledad para no sentirme ridículo al seguir mi instinto, entraban en tropel; buscaban verme en mi mayor ridículo. En ocasiones me pillaban experimentando con mi rabo, otras en plena película de acción, y, cuanto más me metía en el papel, cuanto más alto llegaba en mi ficción, más gorda era la hostia contra el ridículo... Algunas veces, bastaba con sólo una mirada suya para darme cuenta del estúpido que hacía, y claro, teniendo a otros que corroboren la historia personal de uno, y el efecto que producían en mi, tenían tanto poder, que me permitían el lujo de ser benévolos conmigo. Me consideraban débil y amanerado, me veían como a un inútil y ellos, tan llenos de razón y de verdad, se tomaron la justicia por su mano, y procedieron con todo el derecho del mundo a domarme de la forma en que habían aprendido.

Andaban cegados en su rutina y su arrogancia, y tenían tantas certezas que desconocían el motivo por el cual me mantenía yo siempre sin llegar a pronunciarme. Y es que, me agarré con la punta de los dedos a la verdad, y aún me mantengo en vilo, entero, esperando en día en que me levante, y sacar mi cuerpo entero del vacío en el que tiraron nuestras almas hace ya mucho mucho tiempo.

Mi vida, comenzó a convertirse entonces, en el tiempo que pasa mientras yo esperaba indefinidamente el gran cambio. No sabía que cambio sería, pero de seguro que esto no sería para siempre.

Y un buen día, un día en el que desperté sin importarme la puta realidad, metieron una dulce y mona tigresilla en la jaula. Era joven, aproximadamente de nuestra edad. Se mostraba tímida y miedosa, yo la examiné de lejos, la vi pasear de un lado a otro, y esperé a que se calmase para acercarme a hablar con ella. Tenía una gran excitación de ver cómo era, quería tomarme días enteros para examinarla con todos mis sentidos y conocerla. Me despertaba el cuerpo de una forma que nunca antes había conocido. Sentía como si funcionase por si solo!! Nunca antes había estado tan feliz de ser un tigre... 
Pero dentro de mi, había un tremendo combate. En verdad tenía miedo de dar el primer paso, pues no sabía si estaba de lado de ellos o del mío. No sabía si ella también sería enemiga de mi mundo o no, y, desde luego, no estaba yo dispuesto a perderlo. En todo caso, querría enseñárselo, y así no estar solo, y que coño?! Ver que no estoy jodidamente loco!!

De modo que me acerqué, ella parecía tan temerosa, la olisqueé y temblaba. Me mostraba su cuerpo y su ano. Me enseñó que era hembra, era su carta de presentación. Yo me enamoré perdidamente de aquel olor. Siempre había sentido una incomprensible atracción por los labios de mis semejantes, y ahora estaba, sencillamente, extasiado. Realmente estaba poseído por su silueta... Comenzó a moverse a mi al rededor, consciente de mi reacción, y, sin más dilación, me soltó un lametazo... 
Caí al suelo, estaba mareado... 
Mi cabeza volaba literalmente, y no me lo podía creer!! Todo cuanto había soñado, durante tantos y tantos días de mirar el cielo, todo lo que había estado siempre deseando, por fin, por fin! estaba aquí! delante de mis ojos. Era mi vida entera... ¿Cómo no iba a entregarla? 

Me hizo estar fuera de todo aquello... 

Ella venía de muy lejos, no tenía hogar, venía de aquí allá. Había visitado ya otros lugares como este, con tigres como nosotros, y decía haber encontrado conmigo también su lugar. Yo le hablé de lo que era mi cielo, de lo que eran para mi las estrellas, le enseñé su reflejo en el agua, le enseñé toda mi intimidad... Le abrí lo más secreto y sagrado de mí mismo. Por un tiempo nos dejaron solos, lejos de los demás, lejos del domador, de los otros tigres y de aquel mundo. Ella estaba llena de experiencias, era un tigresa que sabía todo sobre el sexo, y yo, siempre había estado en el mismo lugar. De modo que me tomé un tiempo. 

Quería ver más allá de los muros. Quería ver la vida por mí mismo, y demostrar a los demás otra realidad, otro sentido. 
Quería ser lo que siempre supe que era, y ahora por fin, tenía el valor suficiente para trepar aquellos muros y arriesgar mi vida. 
La ilusión venció al miedo por primera vez, y mis músculos despertaron, para ir más allá de lo que mis ojos jamás habían visto. 
Ni ella ni nadie se había atrevido nunca a ir más allá. Ellos tenían la certeza de saber lo que había allí abajo, pues todo era seguro, sabían de seguro la hora a la que vendría la comida, por donde saldría y por donde se iría el sol, quienes vivían con ellos, lo que eran y lo que no eran capaces de hacer... Y suponer que había otras criaturas, o si quiera, que existiese algo más allá... Era tan temido que se volvió algo completamente estúpido si quiera de plantearse.
Pero yo quería saber de dónde venía la comida, porqué era así, porqué el mundo se había vuelto con el tiempo tan pequeño y tan triste... Quería reencontrarme con la vida.

Cogí unos bártulos, me despedí de buenas maneras y en paz, y marché. 
Tardé tres días en saltar la valla.
Me pesaban las piernas. La duda y el miedo a lo desconocido me jalaban a volver, y una pesada bruma de ridículo, se apoderaba de mis manos y de mi cuerpo, haciéndolo débil, amanerado y poco preciso en cada movimiento. 
Pero tiré la mochila. 
Me deshice de las provisiones...
Dejé atrás las antiguas certezas que mataban mi sed de aventuras, y sin peso alguno, pude fácilmente salir de aquel mundo tosco y pesado en el que siempre viví. Ya era libre...

Corrí, grité, salté todo lo que pude hasta divisar todo cuanto quisiera. Bailé al caminar, y mis ojos atraparon en un abrazo todo cuanto llegaban a ver. Perdí mi lengua, hablé con plantas, con las estrellas, con los árboles, y ellos, me dieron cobijo, y las mayores lecciones que aprendí jamás. Desde la distancia, vi a muchos como yo, caminando de jaula en jaula, siendo esclavos de unos y amos de otros al mismo tiempo. A me medida que me alejaba, la distancia comenzaba a dibujar con mayor claridad, una red invisible que los encerraba a todos en el mismo lugar. No quería volver, no quería hogar, no quería certezas... Allí a fuera no habían realmente guardias ni nada por estilo, si no que se mantenían a ralla unos a otros bajo el mismo patrón de conducta que tenían mi padre y mi hermano. Yo sin miedo, caminé y caminé, alejándome cada vez más de todo aquello, y poco a poco lo que conocía como "el mundo", iba desintegrándose cada vez más. 

Al vivir tan lejos de todo, tan apartado de las condiciones y de los comunes acuerdos que establecen una "realidad objetiva", las cosas comenzaban a ser lo que son, a hablar por sí mismas sin necesidad de etiquetarlas con un nombre. Los sueños eran parte de mi viaje, los pensamientos y emociones eran nubes que iban y venían, y yo, el caminante, desentendido de la voluntad de modificar nada, sólo me quedaba la mera y simple tarea, de actuar para mi disfrute. Y así fue, que la certidumbre comenzó a disiparse día tras día, hasta que llegó a la delgada linea que separa la razón, de la magia. La realidad dio un vuelco, el poder estaba en mis manos, y, de pronto... Me vi capacitado para volver y mostrarles esta gran verdad a mis semejantes.

Llegué lleno de ilusión y entusiasmo, y allí la vi. 
Ella estaba sola, parecía alegrarse por mi visita, pero sus ojos no me reflejaban a mí tanto como los míos a ella. Ella miraba para otro lado, entre otras cosas, resentida por haberles abandonado tanto tiempo. Me tomé aquel día de regreso con calma, pensaba que más tarde le explicaría todo aquello. 
Pero el golpe contra su realidad fue tan brusco que no dejó espacio a más. Yo quise hacerme maduro para ser un auténtico macho, me fui a realizar mi sueño, y así saber el camino de la liberación, y mostrárselo...

Pero me encontré con un ser amarrado a un mundo que la hacía sufrir. 
Y de pronto volvió el domador, y ella se fue con el. 
Cuando regresaba, yo le hablaba de todo aquello, y por momentos, transformaba la jaula en un lugar mágico donde el tiempo una vez más dejaba de existir. Y le dije de irnos de aquel sitio. Ella aceptó, debíamos recoger suficientes provisiones y partir. Yo no estaba por la labor, pues el viaje era algo mágico y si te llevas cosas de este mundo te aferras y no vuelas, pero ella no era lo suficientemente valiente, o... Quizás era demasiado realista... Mucho más que yo...

Finalmente nos quedamos, decidimos ir con el domador, y recoger la suficiente comida como para sobrevivir cierto tiempo... 
Como si allí a fuera no hubiera absolutamente nada... 
Como si todo lo existiese fuese lo que conocemos...

Intenté ser un tigre normal, me sentía revitalizado y lleno de fuerza, pero el domador ya me parecía la cosa más estúpida y tonta que había. El problema residía básicamente, en que allí abajo, esa era la forma de conseguir la preciada y maldita carne, de modo que traté de creerme de nuevo, y hacer mía esta forma de vivir, y así luchar a capa y espada, del mismo modo en que lo hacían los demás. 

Lo intenté lo mejor que pude, de veras lo hice, pero lo que pude, nunca fue suficiente. 
Ella no me consideró un buen macho, y se desilusionó conmigo. Se echó encima la tarea de meterme en mi terca cabeza el modo en que funcionaban allí las cosas,  se enfureció de sobre manera, y tocó allí donde más me dolía. Se había transformado nuevamente en uno de aquellos malditos guardias de prisión... 
Ya no soportaba la más mínima visión de la magia, ya no quiso salir de allí con semejante macho impotente. 
Ella taladró mi corazón con su sierra de diamante, saltó a él propulsada por la excitación de mi sexo, usándolo a modo de trampolín, y vació allí dentro toneladas y toneladas de mierda, para que éste, bombease a cada poro de mi piel todo cuanto ella quería de mí. 
Al fin caí en la trampa, y pensé que el origen de todos mis males fueron mis sueños que me impedían vivir como los demás... Tal y como siempre me dijeron domador, compañeros y familiares. 
Me maldije, modifiqué mi conducta, me volví dócil y me hacía el estúpido. Odiaba caminar por las calles actuando de esa forma, algo en mi interior repudiaba mi nueva forma de andar, de pensar, de actuar... 

Cuando ves lo que hay más allá de los muros, cuando sabes la verdad, ya no puedes ser el mismo, no puedes actuar como los demás, y dar tu vida por algo que sabes que no es cierto. Lo único que me quedaba por hacer aquí, era actuar. Y así hice... 

Pero el tiempo sopló, levantó el polvo de todo aquello, y la verdad quedó al descubierto. Ella mentía. 
Nadie es feliz bajo la condición de esclavo, nada merece la pena y nada vale nada si la realidad es una objetiva, ajena a uno mismo, a lo que hay que llegar. Nada tiene sentido ni llega a ningún lugar siendo así vivido, como si el camino estuviese fuera y no dentro, y lo único que queda para mantener algo de entusiasmo, es mentir e inventar reyes magos... 

Al ver su sufrimiento y su mentira, quise ayudarle. De modo que me mantuve más tiempo en aquella celda. Ella o agradeció, pero para que nuestro mundo fuese posible, tuvimos que seguir sacrificándome. 



Pero sucedió que llegamos al límite. Un día, después de tanto andar de espaldas a la verdad, topé con ella. Me dio un coscorrón en la coronilla, me di la vuelta, y lo vi. Era yo, reflejado en el espejo. Me senté, y me quedé mirándome anonadado...
Yo movía la mano derecha, el movía la izquierda y viceversa; yo preguntaba, y él respondía. Y le vi a ella, y me vi a mí. Y vi cómo yo no era más que un pedazo de carne más, como tantos otros, siendo devorado para saciar su tristeza y soledad... 

Había caído en la trampa, la pena, las lástima y la lujuria, me introdujeron en un pozo sin salida, donde la frustración de las inválidas esperanzas y sueños ahogados, dieron a luz un héroe, capaz de adormecer la realidad hasta el punto de morir sin darnos cuenta...

Y me fui, la dejé atrás, desperté, sentí mi cuerpo como nunca antes lo había sentido, recuperé de nuevo mi poder, y y volví a la antigua celda de siempre, dispuesto a liberar a mis familiares. 

El tiempo no había pasado allí, todo seguía igual. Exactamente igual que cuando lo dejé. Y tras comer un poco de carne para recibirme, se fueron a por más comida.  Esperaron al siguiente día, y de nuevo, exigieron de mí contribuir y volver a hacer payasadas para hacer algo de provecho. 
De nuevo, tuve que aceptar los acuerdos por los que funcionaba aquella puta prisión, y hacer como que me los creía. Y no diría que acabé por creérmelo del todo, pero si un poco... Cuando el niño no traga, basta con empujar y empujar, y taparle la nariz al niño, para que la bola de comida de mierda, acabe por ser digerida. De modo que no quedó más remedio que aceptar aquello. 

El tiempo se hizo pesado de nuevo, y caí poco a poco con la necesaria sutileza como para no darme cuenta, en el mismo pozo de mierda... Pero ahora en mí existía una llamarada de genialidad, de libertad... Aún existían en el fondo de mis ojos todas las estrellas con las que un día hablé, y aquel encanto, que como una brújula se mantuvo dentro, en un lugar muy muy escondido de mí mismo, manteniendo el norte bien claro, esperando el día en que por fin volviese a partir.

Y así sucedió. Un día, sin despedirme, sin provisiones ni nada, marché sin hacer ruido, tal como vine, liviano como una pluma... Entregado a la incertidumbre... Salté de tierra firme, y me embarqué en los océanos de la magia, dispuesto a llegar allí a donde ésta me llevase.

El mundo es lugar desconocido, lleno de misterios y de vida. Y la vida es una compañera que algún día se irá, tal y como se han ido todos los demás... 
Nadie sabe lo que vendrá luego, y mejor no saberlo, pues entonces perdería ese misterio y esa magia que la hace ser lo que es. Mucha gente hablará de ella, te dirá que es así o asá; harán un mundo entero, forjado de opiniones y razonamientos lógicos comúnmente aceptados, pero eso es tan sólo su opinión, y cualquier idea que se tenga, nada tiene que ver con quien realmente es; del mismo modo que ninguna idea puede jamás servir para definirte. Nadie tiene el valor de hablar cara a cara con ella, porque nadie tiene el valor de conocer la infinitud de lo que en verdad eres.
Esta es la única realidad que existe.

jueves, 14 de febrero de 2013

UNA MIRADA HACIA EL FRENTE

¿Hacia donde mira mi vida? A veces he parado mi rutina con la enfermedad, para así poder echar un vistazo al frente. Porque siempre he sabido de la esclavitud del hombre, porque siempre ha superado su sufrimiento a mi miedo y egoísmo, y porque yo no olvido la libertad que sentí antes de que los mayores me enseñasen las leyes de la infelicidad. Recuerdo cómo las normas y los horarios se apoderaron poco a poco de los días, y cómo con el paso de las estaciones, éstos, se volvían cada vez más cortos y más lejanos. Recuerdo como el espacio comenzó a hacerse cada vez más pequeño, y cómo el inmenso universo de mundos posibles para la imaginación, se iba clasificando cada vez más, hasta reducirse en un pequeño espacio en el que jugar al fútbol, dormir, estudiar, comer... Recuerdo y miro, y veo cómo aquellos mayores y "conocedores" de lo que es la vida, que cuando llegaban no hacían más que apagarla y silenciarla, hablan ahora y dicen que el ser humano es cruel por naturaleza, y que necesita del conocimiento, de las normas y de las estructuras para hacer que el niño viva bajo unos límites, que le priven del mal. Aquellos niños, sin juicio ni experiencia, no eran si no espejos de aquello que veían, y des previstos del ingenio que requiere la hipocresía, actuaban de forma egoísta, para así ganarse la atención de sus padres; los cuales, ensimismados en sí mismos, tan sólo eran capaces de valorar al niño que más se asimilase a su jaleo mental. Ahora se escucha en internet a grandes conocedores de la vida, gente llenas de información que venden la receta de la felicidad con estructuras saludables para el cuerpo, la mente y el alma. Hay gurús también de la economía y del éxito, del desarrollo personal y social, y de cómo perder la vergüenza y demás historias... Pero claro, lógica, y no paradógicamente, las mismas personas que nos arrebataron la libertad cuando éramos niños, ahora tratan de vendérnosla.
Pero nadie se para a mirar al frente, nadie ya levanta la mirada para ver hacia dónde le dirigen sus pasos. La humanidad, es algo parecido a un tren desbocado, que corre a una velocidad vertiginosa directo hacia el vacío, y tripulado por mentes capaces de crear la ingeniería de un cohete con destino a Marte. La humanidad, es algo parecido a un matadero de vacas, que consumen pasto de un lado a otro, cegados por satisfacer sus necesidades, sin pararse a pensar a quien beneficia pasarse el día metidos en cajas herméticas con comida asegurada. La humanidad es inteligente, tan inteligente, que no necesita que un perro ovejero esté ahí para mantenerlos en orden, basta con implantarles un juicio de valores, para que, incluso entre amigos, se vigilen los unos a los otros para que siempre hablen y se mantengan bajo un orden estipulado. El más "maduro" es aquel que más recuerda a los mayores que antaño mataban la imaginación, y el temor otorga poder, estructura y control en todos los rincones del mundo. Pero el universo no funciona bajo este sistema piramidal, y quien afirme lo contrario es un esclavo cegado por el poder de la aceptación de aquellos a quien teme. El universo, la tierra, la selva, tu cuerpo, funciona mediante una simbiosis. Un intercambio fluido y constantemente transformado de energía mediante la respiración y el alimento. La ley del universo es que todo es de todos y nada es de nadie, ya que todos somos uno, y no hay líneas divisorias, ni tan siquiera entre tu piel y el aire que te rodea. La ley del universo dice que por muy alto que vayas en el espacio, por mucho que te adentres en el universo, encontrarás exactamente la misma estructura que compone la estructura atómica de una mota de polvo. La ley del universo dice que de que sirve ir más allá o más acá, si vayas donde vayas, estarás siempre en el mismo sitio... ¿Que dice la ley del universo? Que todo lo que existe, es ahora. ¿Que nos enseñaron de la materia? Que es energía. ¿Y que nos dijeron de la energía? Que ni se crea ni se destruye, sólo se transforma. Si somos energía, ¿no admite la ciencia la inmortalidad? Y si existe la inmortalidad, ¿Porqué no es la moralidad la que dirije el mundo, que, como fruto de la libertad ante la pérdida del miedo, libraría a la humanidad de la esclavitud? ¿y cómo es que en lugar de imperar esta ley en la vida, que es conocida tanto en el mundo de la religión, como en la ciencia, impera una mentalidad de miedo al vacío de la muerte, y su consiguiente egoísmo, soledad y pérdida del sentido de su existencia? No puede haber vida si no es cíclica, nada puede existir si no coexiste. La cadena alimenticia no acaba en el hombre, si no que se alinea con otras especies de otros planetas. La tierra yace en el inmenso océano del espacio, y por sus aguas siempre han existido todo tipo de especies. El ser humano es sembrado y cebado como el ganado para beneficio de especies extraterrestres. Seguramente pienses que es estúpido y ridículo. Lo más probable es que venga tu estructura aprendida por los profesores y perros ovejeros para aplastar esta idea de la forma más indiferente posible. Pero estarás haciendo lo mismo que tantos y tantos hicieron durante toda la historia con cada idea revolucionaria que con los años cambió el mundo. Hago un llamamiento a tu mente racional con la última parte de este escrito, y la apunto directamente a tu corazón, que es la primera parte del mismo. Y te lanzo la pregunta: ¿Cómo es posible que inteligencias capaces de crear tecnología tan avanzada como la nuestra, no sea capaz de vivir armónicamente con su planeta ni con los de su especie? ¿Cómo es posible que desde pequeños se oriente toda su imaginación y potencial creador hacia tareas que nada tienen que ver con su propia felicidad ni beneficio? ¿Porqué? ¿A quién beneficia? ¿Que beneficio sacarían las vacas si se vieran a sí mismas y entre ellas como consumidoras y se preguntasen cual es su oficio, y se midieran por la cantidad de leche y de carne que son capaces de producir? No hay más que hacer una cura de humildad para vernos desde fuera como especie, y preguntarnos, ¿Por qué?!! La infelicidad es la pérdida de sentido, y esa pérdida de sentido es la soledad. Nos han educado desde que nacimos para ser esclavos, funcionarios de un sistema que a nadie más que a quien nos consume satisface, porque está cadente de sentido en si mismo, y sobrevive bajo el himen del miedo al que dirán. Pensar por uno mismo, soñar, imaginar y compartir, es penetrarlo, y aquel que lo rompa... Disfrutará del placer del sentido de ser humano...