viernes, 30 de noviembre de 2012
AYUDARME
Si,
la mayor pena de todas,
es que he perdido la esperanza en el ser humano...
Quisiera poder caer entre los brazos de un extraño,
quisiera que me calasen sus lágrimas, para no sentir yo vergüenza de las mías.
Te extraño aún sin conocerte,
porque no me creo que el mundo sea tan áspero y tan lejano...
No, la vida no es así.
Creí ver amor al ganarme la aceptación de aquellos que ponen siempre condiciones para querer.
Pero no, honestamente yo no estoy hecho para competir, no puedo, a mi pesar, ser el mejor en algo. Podría esforzarme si, pero es que me puede el sufrimiento más que los aplausos...
No puedo ser el mejor porque hay algo que siempre me puede;
las personas,
me puede su amor,
me puede su sensibilidad y me gana su fragilidad.
Perdí la fe en el ser humano, cuando vi a la tristeza esconderse en los lavabos del colegio, y cómo tanto sacrificio y esfuerzos se veían completamente ignorados al no estar a la altura.
Es por esto que me cuesta ganarme la vida, porque es una grandísima mentira que la vida sea el premio o la victoria.
Yo siento que me gano la vida, cuando soy capaz de abrazar al esfuerzo de los que fallan, cuando no dejo a nadie de lado, cuando no mido ni juzgo, cuando no hace falta que aparezca en mi la palabra perdón, porque no deseo nada de nadie más que su propia felicidad, paz y tranquilidad.
No puedo vivir midiéndome más, yo no sirvo para la competición...
Necesito caer en los brazos de un extraño,
tu cae que yo te cojo.
No soporto ver un mundo tan lejano, tan seco...
No soporto ver como tus ojeras soportan tantas lágrimas,
y cómo se esconden tus ojos tras las arrugas de esa mueca sonriente.
no soporto que actúes delante de mi!!
Yo no soy así, ¡nunca lo he sido!
Por favor, por favor,
ayúdame a recuperar la confianza en el ser humano...
Porque sólo los seres de la soledad conocen de mi,
y para eso más me vale estar muerto.
Porque creí poder avivar las brasas de amor que siempre mantuve candentes,
en el vacío que existe entre las piernas de una mujer.
Y sentí la textura del placer y del vicio,
que es pena, que es soledad, y un profundo y silencioso llanto...
Se sincero conmigo aunque sea una vez y ayúdame a curar mi rencor,
porque tuve sed y no me diste de beber,
tuve hambre y no me diste de comer,
te creí, y todo cuanto había era mentira, miedo y soledad.
Me hiciste callar,
repudiar mi dolor porque no era competente,
y escucharlo te alejaba a ti del triunfo.
Me dejaste solo, me dejaste solo y me abandonaste...
Pero el invierno siempre llega,
no se puede alargar por siempre la primavera...
Y cuando llegue,
entonces me entenderás.
Un día,
quizás al final cuando te hagas viejo,
tu vida se volverá un estorbo en esta frenética lucha por ser mejor,
por estar a la altura, por ser querido y por ver recompensado tu esfuerzo...
y entonces verás como se mueve el mundo.
Verás la tristeza pesar sobre las espaldas de la gente,
porque un día, rodeados por la presión y las exigencias de la sociedad,
se vieron incompetentes, y pidieron préstamos a la mentira.
Y ahora viven en una perpetua deuda,
que desvaloriza el valor de todas las acciones que hacen,
porque jamás alcanzarán la felicidad en la exigencia ni en los totalitarismos,
ni en la perfección.
Espero que para entonces no tengas dolor en ti,
porque no sabrás como perdonar,
y sin perdón,
no verás la paz que yo ahora siento al ver la cara oculta de la luna.
Ahí donde están los esfuerzos y las lágrimas,
aquí, donde todos somos exactamente igual de frágiles, igual de humanos, igual de sensibles e igual de imperfectos.
Aquí, donde viven los animales, las plantas y las cosas.
Aquí, donde mires donde mires, todo está a tu altura, y nunca estás solo.
jueves, 22 de noviembre de 2012
El incidente
Erase una vez yo, y esa vez, yo, ya lo sabía todo. Sabía aquello que iba a decir a continuación sabía que era lo que los demás andaban pensando... Era espiritual, artista, y luchador. ¿Quien no me respetaría ahora? Por fin me estaba convirtiendo poco a poco en quien quería ser, incluso mi desperfecto look me enorgullecía, pues me daba un toque especial. Estaba comenzando a hacer mío lo que nunca lo fue: Yo mismo.
Y pasaban así los días, uno tras otro, y otro más y otro más, y todos no eran más que otro día más. Iba de un lugar a otro, con el día lleno de rutinas sin completar, que cuidasen y mantuviesen esa fantástica imagen.
Pero en ninguna de estas cosas hallaba placer.
El tren de mi vida seguía así su trayectoria sin pararse a pisar nunca la vida, y yo miraba por la ventanilla imaginándome todo lo que haría ahí fuera cuando estuviese preparado para bajarme de él. Pero ese día nunca llegaba... Las piernas eran pesadas y levantarse para ir al lavabo o al bar, ya era un esfuerzo que me imantaba cada vez más al asiento.
De modo que el sueño fue envolviendo día a día mi realidad, y mi realidad pasó a ser... Soñar con estar despierto.
Comencé a gritar, a insultar y a revelarme para despegarme de el, me lancé de uno a otro, y cuando todos ellos no dejaban tras de si más que polvo... Entonces me entregaba, una y otra vez a esa ilusión. La tomé como cierta, acaté sus reglas y sus normas, pues, ya que no había otra realidad, tendría que aprender a convivir con ella de la mejor forma posible.
Pero entonces el sueño comenzó a hacerse pesadilla, la impotencia hizo presa a mis brazos, y cuando quería abofetear a alguien, éstos se volvían mantequilla. La angustia, la prisión, la pesadez de boca, las pocas ganas de existir, imperaban en mi mente, y ahora, ni la mente ni el cuerpo deseaban oler.
Pero algo muy a dentro de mí se movió, parpadeé profundamente, alcé la mano, y tiré de la palanca. De pronto sonó un fuerte chirrido, y algo, en algo parecido a una superficie, me golpeó en la... ¿Frente? Pasaron los segundos tan rápidos como una vida entera, ya que toda ella estaba en juego en ese momento, y en el momento exacto, en que caí en la realidad, todo aquel sueño desapareció. Aquel infranqueable caballo metálico de sueños, había descarrilado.
Mi cuerpo voló, mis brazos se vieron ingrávidos, sueltos, y mi mente... Oh si, mi maravillosa mente capaz de inventar los más increíbles mundos paralelos; se maravillaba al verse en un cuerpo tan mierda, tan vulnerable, tan mortal, tan... Real...
Yo no diría que todo aquello ocurriese a cámara lenta, pero así lo recuerdo. Cada detalle, los cristales volando, las personas a merced de las vueltas de campana que daba todo aquel habitáculo, mis piernas pesadas e incontrolables golpeaban los asientos, y toda aquella pantomima de comodidad, lujo y perversión, se convirtió por un instante en un montón de auténtico metal frío, cristales asesinos, papeles, telas, maletas cargadas de tonterías, y unos cuantos humanos volando.
Y tras unos instantes de gloria, caí de boca al techo, que en aquel momento era suelo, y alcé la cabeza. Sentía el latir de mi corazón, oooooh sí!!! Mi corazón!!!
Sentía lo que cada una de las yemas de mis dedos sentían, sentía la palma, sentía el crujir de los cristales, y cada sonido, era tremendamente maravilloso. No, no corrí a rescatar a nadie, era el momento más real que ninguno de los tripulantes de aquel tren habían vivido jamás. La única experiencia que sería digna de ser recordad en el lecho de muerte. A si que salí, al color del día, puro sol fuerte que apretaba las magulladuras de mi piel.
Salí ahí fuera, me senté, y lo comprendí... Por primera vez era miserable, frágil, era un ser vivo que podría estar perfectamente muerto. Era tan valioso como el metal destruido del tren, como cualquier otra persona, como la luz del sol, como el hambre como la sed. Tan pequeño e insignificante como cualquier cosa, y tan lleno de vida como cada una de ellas. La arena era como yo, las plantas eran como yo, el sol, los bichitos, todo! Todo me acompañaba y todo me hablaba.
Había estado todo este tiempo tratando de despertar dentro de un sueño. Hasta ahora, todo lo que hice fue imaginar, pensar e imaginar, imaginar que dejaba de pensar, sabiendo que estaba dejando de hacerlo... Imaginaba que despertaba, imaginaba que todo había sido sólo un sueño, y que entonces me comía el mundo. Imaginaba también que despertar era imposible, y que debía ser la mejor imagen que podía llegar a imaginar. Había estado atrapado en una gran cárcel, y gracias a aquel maravilloso accidente, no me quedaba más que compartir, jugar y vivir.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)