Quienes son benevolentes son aquéllos de conocimiento transparente. Ellos saben de las galaxias y de la vida, saben del desarrollo y por lo tanto practican la no interacción.
Quienes aportan un contacto saludable, saben que el desarrollo de la especie es un paso del ser, y no un regalo de nadie; que todo crecimiento viene de dentro hacia afuera, y que éste contacto, es un viaje de transmigración, que en sí mismo contiene como raíz misma de la verdad. Que somos uno y que lo uno es un infinitamente profundo todo y por lo tanto, saben que manifestarse en el limitado mundo de la razón, no hace si no ampliar las fronteras de la realidad en la que vivimos, y no trae libertad ni el despertar en espíritu que se precisa.
Quien logra traspasar las barreras de la mente, y tener la suficiente fe como para iluminar con toda su atención diferentes realidades, entonces aprende a desidentificarse con la suya propia, y así es cambiado el conflicto y la dualidad por la consciencia migratoria, que entiende así a todos los seres que acompasan su existencia.
Y quien sabe de lo que hablo, por experiencia directa, acoge cada experiencia como lo que es, sin rechazo ni miedo a la pérdida ni a ningún final, como un viaje, una aventura, con completa escucha y amplia apertura; y por lo tanto se mueve siempre no desde el miedo y la carencia, si no desde la curiosidad y el amor a estar vivo. Y quien anda bajo ésta luz, no acapara por ambición todo cuanto necesita para alejar el temor a la soledad, por lo tanto ni contamina ni crea pobreza ni injusticia, ni deja residuos de su importancia personal.
Ni más ni menos es lo que dan, aquéllos que merecen ser contactados.