Si algo merece ser rescatado de mí, es cuando he sido transparente. Cuando dejé ver lo que había tras de mí. Todo cuanto sé te lo debo a ti, y siempre que creo saber, dejo de ser tú. Porque si algo puede aprenderse, es a desprenderme, si es que tal cosa es posible, porque en verdad, tú, eres yo. He usado tus palabras para ser más grande ante los demás, y en toda mi grandeza, no era nada.
Es algo difícil de entender, que quien mira, es quien se ve a sí mismo en el espejo.
Parece un juego de palabras, o un juego de espejos. Pero no se llega a nada en verdad pensando el acertijo, lo que se necesita, es desprenderse de uno mismo.
He sentido tus susurros en mi corazón, cálidos, tan inmensos como el origen mismo, y he leído sus palabras. Dicen que no tienes historia, que no eres de aquí ni vas allá. Que ves allí donde quieras ver, que no hay en ti, ni espacio ni tiempo, y que no hay pues barreras ni miedos que detengan tus ojos. No hay quien defender, ni quien deba ser definido.
Y me has enseñado a ver...
Y he visto, que hablar de ti es tan estúpido como hablar sólo, que yo en verdad no existo, porque tengo que pensarme para ser.
Tengo que recurrir a la memoria, soy una invención, y sin esfuerzo, sin el yo, que ya era antes de ser, no puedo en verdad existir.
No defiendas una verdad que no tiene que ser defendida. Ella habla por sí sola, así como el sol sale y se esconde, así ella habla. No te pierdas su amanecer, por tratar de explicarme, lo incomprensible es sólo algo que ha de experimentarse.
La verdad continuará latiendo, día tras día, sea o no reconocida por el hombre. Pero todos ellos la llaman y la reclaman, y de tanto gritar, no escuchan.
Buscan encontrar una verdad, que les haga irse tranquilos a la cama, que les despeje por fin las dudas, que ponga fin a su frustración y sufrimiento. Todos, a su manera, buscan la salvación. Pero nunca llega, siempre se escapa algo, al final siempre escapa... No se puede retener... Mantener algo por siempre, embotarlo, tenerlo a mano siempre que uno quiera, no se puede... No se puede poseer porque tal cosa como el yo, no existe. Vivir aislado es vivir en la ignorancia, porque somos el aire que respiramos, y el alimento que ingerimos. Somos agua y somos todo aquello con que nos relacionamos, porque sin relación, nada podría ser.
¿Qué puede pues poseerse? ¿Qué puede ser retenido? ¿Qué lucha tan estúpida es ésta, de la posesión de la verdad? Jamás podrá llegarse a nada, y jamás nada llegará a ti, tú, ya estás en todo y todo está en ti. Esto no es diáfano, ni raro ni hace falta ser entendido, sólo hace falta desprenderse de uno mismo.
No puede existir un conocimiento que poseer, sólo podemos navegar por él, respirar de él, viajar, conocer, sin llevarse ni rescatar nada contigo. De este sueño, no vas a llevarte nada.
¿Quieres saber quien eres? No eres tus pensamientos, no trates de encontrar la respuesta, el origen del mismo, el pensamiento invariable, la verdad irrefutable, todo eso es temporal, variable, como las nubes... Tú, no eres tus pensamientos, sin embargo, hay pensamientos. No serás cuando aprendas a ser tal o cual cosa, porque mientras aprendes, sigues siendo, y cuando olvides, también serás.
Tú, no eres tus sentimientos, ellos te pintan de gris cuando el paisaje es gris, y te pintan de amarillo cuando el sol brilla y te da calor. Pero el tiempo pasa, uno envejece, y las personas amadas mueren... Las hojas caen, y la lluvia cesa. Los sentimientos van y vienen, como las estaciones. Son circunstanciales, son temporales, son variables, no puede haber identidad en ellas, por mucho que las persigas y luches por una, no son tú. No eres las emociones, sin embargo, no podrás evitar que las haya.
Tú, no eres el cuerpo, él crece, en tamaño, en bello, envejece y finalmente muere. Puede también reproducirse, partirse, perder una pierna, un brazo, quedarse ciego o sordo, siempre cambia, y está sujeto al tiempo, a las circunstancias, y a las leyes que lo formaron. Tu cuerpo no puedes ser tú.
Tu ropa tampoco puede definirte, por muy marcado que sea tu estilo, por mucho que pertenezca a tu cultura, no puede ser tú. Porque cuando te cambias de ropa quedas desnudo, y desnudo, sigues siendo tú. Tampoco eres tu coche, ni tu casa ni tu familia, porque sin ellas, seguirás existiendo.
Si no eres ninguna de estas cosas ¿Porqué entonces querer cambiarlas? ¿Porqué tanta lucha por aunarlas, por igualarlas, por hacerlas predecibles? ¿Quién somos? Es la pregunta... Esa parte invariable de la oración, ese sujeto... ¿En qué lugar, dentro o fuera nos encontramos? ¿Sujeto omitido?
El ser, no puede ser definido, pues es quien define. El ser es, y siempre ha sido, antes que el hombre aprendiera a dibujarlo con sus ojos, o a escribirlo con palabras. No hay un quién en el ser, el ser sólo puede experimentarse, y en el momento que quieras rescatarlo, conocerlo, o creer que sabes quién es, dejas de ser.
Pero tratamos de aunar la mente en una idea que nos aleje de la perdición de tantas, buscamos un sentimiento con el cual vivir siempre, y nos amoldamos la vida para que así sea sin el más mínimo éxito. Tratamos de mantenernos jóvenes reconocibles, perdurables en el tiempo, y asegurar nuestros bienes, y mantener nuestra familia unida, y unir a la humanidad bajo una misma moneda, un mismo idioma y unas mismas normas. En nuestra búsqueda del ser y de liberarnos, hacemos presa y somos dictadores de nuestra propia mente, de nuestras emociones, de nuestro cuerpo y nuestro ecosistema...
Pero hijo de dios, si en lugar de tratar de liberarte y luchar, dejases a la mente volar, y a las emociones calar tu cuerpo, y al cuerpo respirar, y al mundo latir, entonces, el ser se liberará, se revelará de entre todas esas cosas, y podrás, por fin, elegir...
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