La persona que quiere olvidar, y vivir el presente dejando atrás su pasado, es una persona que vive con lagunas, y habla con vacíos. La persona que quiere llevar una vida que no construye, es una persona que vive en un edificio lleno de diques y medio derruido, por la que hay que pasar con sumo cuidado, y a la que el más mínimo impacto natural derrumba.
La persona que es así, ha pues, de vivir entre algodones, y vive construyendo inmensas barreras para aislarse de posibles agentes externos. Y al igual que ciertas personas, también así actúan diversos países. El problema está, en que el problema nunca se soluciona, si no que cada vez más, la fragilidad intenta ser fortificada, y se invade más y más espacio, hasta que finalmente, puede llegarse a abarcar el mundo entero.
Pero ya sabemos el final de esta historia, y no por sabios, si no por lógica. Y es que, al no solucionarse el problema real, el sistema, que tantos enemigos hizo y que tanto se esforzó por mantenerse, finalmente se colapsará, el cuerpo morirá consumido por el cáncer, y éste, caerá sobre sí mismo.
Ignorar porqué estás aquí sentado en este momento, parándote a leer esto, es querer seguir hacia adelante sin saber de dónde vienes. Así andas perdido, como tantos y tantos otros, y esta inercia que a tantos os lleva a la vez, quizás te haga sentir una falsa apariencia de que en verdad no estás perdido. Pero no sois más que una piara de cerdos andando sin remedio, directos al acantilado. Porque eres un cerdo. Saber dónde estás y quien eres, no es cuestión de conseguir llegar aquí ni ser este o aquel, eso es una conquista, no es conocerse. Saber dónde estamos y quienes somos, es conocer el motivo que nos llevó aquí, reconocernos. Es un camino sin exigencia, que exige un esfuerzo y un trabajo, pero que es de paz y es de amor por uno mismo. De perdón y de comprensión, y no de entrega, sacrificio y esclavismo por un ideal a conseguir. Es un movimiento interno, hacia el principio, que no tiene otro destino que el origen. Un lugar de paz, de cero, desde el que todos parten. Y jamás podremos decir que somos libres de nuestro hacer y de nuestra vida, hasta que no partamos de este punto. Pues cada movimiento que salga desde la quietud, es con consciencia y por pura elección, y cada movimiento que salga desde la pretensión, será un hacer en sacrificio de un éxito, con el que cada uno quiera verse a sí mismo, para así gustarse y estar conforme. Lo cual además, joven pádawan, jamás sucederá, porque allí donde las imágenes son estáticas, la vida nunca para. La fotografía, o las escenas soñadas, duran como mucho medio minuto, y todo el tiempo antes, y después de ese gran momento de éxtasis soñado, no es más que un gran vacío.
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