miércoles, 8 de abril de 2015

La ilusión del ilusionista.

Peleando, diariamente por conducirme hacia aquello que divisa en el horizonte el fin de la sed.
Repitiendo, como un mantra, así el mago vive de sus trucos, para hacer parecer que es, algo que no lo es. 

¿Qué magia puede crear un mago, si el primero que no cree en lo que crea, es el mismo mago...?

Absorto en su propio truco, en trabajar su juego de manos, desgastándose cabeza y tiempo en encontrar nuevas maneras de sorprender.

Si sorprender siempre precisa de lo nuevo, ¿qué de nuevo tienen más trucos? El que va a ver a un ilusionista sabe que verá un espectáculo de magia. Dirá oh, y se rebanará la cabeza tratando de saber cómo lo ha hecho. Y para romper su triste ilusión, para traspasar el futuro y poder el público sentir sus manos, el ilusionista, debe constantemente innovarse a sí mismo.

¿ Y no sería más fácil, para traer lo nuevo, que el mago no hiciese ningún truco? 
Que se quedase parado, mirando a los espectadores... ¿De qué estaría hecho ese momento?

¿No creería el mago entonces en la magia, si al dejar de hacer parecer que sea lo que no es, viese lo que es? ¿No hallaría el mago así la magia, habiendo roto su condición de ilusionista, ante un constante nuevo momento?

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