Los nombres desaparecieron, la imagen brotó de las sombras, y la vida se hizo presente en cada cosa. Y el sol se puso varias veces, el tiempo se marcó, y volvieron los días, el calendario, y un reloj marcaba mis horas. En los momentos de tristeza, el león, que un día fue libre, vive de la nostalgia que alimenta su alegría con un cuenta gotas. Entre los barrotes de las formas, cuando casa es el nombre de un lugar concreto y no allí donde duermas, cuando sabes que es lo que te vas a encontrar un día, y el otro, y el otro y el siguiente... Cuando das nombre a las cosas, entonces las separas... Cortas así la vida, y hay vida y hay muerte. Aparece entonces el miedo, porque temes lo que no ves, lo que no sabes. Y sabes? La vida es un constante fluir, donde la noche y el día, son un mismo tiempo. Donde el sueño no es más que otra forma de ver el mundo, donde no hay estaciones, si no cambios de temperatura. No existen ciclos, ni vacaciones... La vida no está echa a base de raciones, aunque nos dediquemos a razonarla. La vida, es vida y muerte. No hay separación entre ellas, al igual que no hay separación entre el día y la noche si crees en los sueños y no te duermes.
A veces aparece el amor, y como siempre, le damos a esa persona el poder. Cuando la verdad es, que esa persona no más que despertó en ti una magia que desconocías. Y un solo brote de esa magia cambia tu vida para siempre. Vives en un mundo que comprendes, en el que te sientes cómodo, y como un rallo, la magia del amor tira por tierra todas tus creencias. Serías capaz de dejar tu vida por amor, porque todo lo que conocías, ahora es insignificante. El mundo se vuelve terrenal y tu alma deja de temer, te das cuenta de que estás vivo... Ahora puedo decir, que el amor vino a mi vida para matar a mi razón...
Pero ahora, después de todo, vivo en una ciudad marcada por señales, por símbolos, es una jungla marcada por la interpretación de un mismo leguaje que todos entendemos. Es un mundo mental y ficticio. Mi cuerpo aquí, no sirve más que para transportar la mente de un sitio a otro. La intuición pasa a un segundo plano, el olfato se apaga al no oler más que mierda, el oído se vuelve apático y selectivo, siempre hay demasiado ruido, y el tacto se amaina, se vuelve hipersensible, tanto, que no queremos tocarnos los unos a los otros. Y al final, nos queda tan poca vida, la sangre recorre tan perezosa nuestro cuerpo, que usamos drogas para avivarla.
Esta vida se ha convertido en una depresión.
Esta vida se ha convertido en una depresión.
Y aqui estoy viviendo, aquí regreso, a un mundo en el que la gente se tapa las carnes bajo bonitas camisas de algodón, donde los modales les dan a todos una buena cara que mostrar y les libra de ser quienes realmente son. Donde la apariencia y el primer vistazo es lo único que cuenta. Aquí estoy, en una cafetería en la ciudad de Madrid, un lugar lleno de gente solitaria que vive muchas capas por debajo de su maquillaje y caras serias.
Seguramente pienses que pienso demasiado, que es mejor no pensar tanto, y simplemente vivir sin plantearse las cosas...
Pero lo que hablo, lo hablo desde el corazón, y no desde la mente. Yo conozco al amor de primera mano, conocí la felicidad hace unos cuantos años, y cuando la magia aparece así en tu vida, y ridiculiza la razón la imagen que tenías de ti mismo desaparece, y nada vuelve a ser igual. Comienzas a pensar, la nostalgia comienza a pesar, empiezas a sopesar las cosas, y te das cuenta de que esta vida sostenida por el miedo, es una gran mentira. Porque un día aprendí a vivir sin miedo.
Pero lo que hablo, lo hablo desde el corazón, y no desde la mente. Yo conozco al amor de primera mano, conocí la felicidad hace unos cuantos años, y cuando la magia aparece así en tu vida, y ridiculiza la razón la imagen que tenías de ti mismo desaparece, y nada vuelve a ser igual. Comienzas a pensar, la nostalgia comienza a pesar, empiezas a sopesar las cosas, y te das cuenta de que esta vida sostenida por el miedo, es una gran mentira. Porque un día aprendí a vivir sin miedo.
Ayer vi por primera vez como el ego trataba de matar la magia razonando aquellos sentimientos, pude ver como trataba de apoderarse de quien le creó. Quise comprender al amor para poder volver a repetirlo, pero nada me produce esos sentimientos, quise comprender todas las circunstancias que me llevaron a tocar otro mundo, pero no lo volví a ver. La razón trata de vivir matando la magia de la vida razonándola. Y ésta, se escapa, porque la verdad es libre, inclasificable, la vida también y el amor se esfuma en cuanto tratas de retenerlo. Por eso hay tan poco amor en este mundo de formas, por eso se mezcla tanto el amor y la pretensión, por eso, se dice, o más bien, dice el ego, que hay amores que matan
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