lunes, 28 de febrero de 2011
De vuelta de mi viaje estelar
tras recorrer medio mundo en una nave intergaláctica, y recibir las embestidas de seres de otro planeta, decidí volver aquí, a la queli que me vió crecer, la misma que me hizo no creer en las cosas que no se ven. Yo creía ser un superhombre, que sabía ya de todo, y de pronto todo dejó de sorprenderme, ya no miraba las cosas dos veces, pa que mirarlas si ya sabes que lo que hay. Así dejé de ser ser humano para ser una máquina perfecta que encajaba todas sus piezas en la maquinaria que mantiene esta sociedad enferma. Era un machodepeloenpechoechaopalantesexualmenteaceptable dotado de buen sable, unos abdominales marcaos y un culo adorable. Pero poco a poco el apetito se hizo insaciable, cada capítulo de mi vida era igualmente irremediable, y nada me tiraba pa trás porque era un tío invulnerable. Así pues viviendo en este sin vivir de estúpidos lujos y prejuicios estaba yo dirigiendo mi barco hacia ningún calado, navegando sólo porque la brisa del tiempo empujaba mis velas y me obligaba a llevar un rumbo, ya nada llamaba mi atención. Pero de pronto sopló tormenta, una tan fuerte que me hizo espabilar para no despertar en el otro mundo; y esque de otro mundo vinieron aquellas maravillosas criaturas que con tanta dulzura me penetraron. Y he ahí yo entre tantas luzes que cegaban mis ojos, siendo tan impotente y a la vez tan gozosamente violado, que descubrí el rumbo que debía llevar mi barco, y es que soy tan poco para todo, y tanto para ser tan poco, tan vulnerable, tan inocente y tan frágil, que todo tiene el mismo valor que yo tengo, las aguas, las algas, fuertes mareas, brisas y vientos... todo tan valioso que ya no estoy solo. Y me merece la pena seguir navegando ,descubriendo, aprendiendo, compartiendo y disfrutando cada momento, cada cosa, cada milímetro de mar que recorra. Y lo más bonito de todo, es que no sé adonde llegaré, estoy en alta mar y no se vé tierra ni una meta, ni una estela a la que seguir. Ahora sólo sé porque quiero seguir navegando, porque si supiera donde voy, y lo que habrá cuando llegue ahí donde voy, no disfrutaría, no compartiría mi trayecto con todas las estrellas, los peces, las grandes y juguetonas olas; las lluvias y vientos se convertirían en enemigos por no acompañar en su rumbo a mi navío. Y cuando llegue, quizás me defraude la tierra que pise, y toda mi lucha habría sido en vano. O quizás responda a mis espectativas, pero entonces todo habría salido según mi propio protocolo y yo estaría detrás de él, como si ya me hubiesen contado el final de una película y todo lo que va pasando en ella. NO LA disfrutaría, ni la viviría, ni nada de ella me sorprendería, ninguna me haría reir ni llorar ni me asustaría si hubiera alguien cerca soplandome en la oreja lo que va a pasar en cada escena, y cada escena estaría vacía de gracia. Y así cuando empezaba a verle el gusto, y la gracia a las felaciones, porculaciones y de más abusos sexuales a los que me sometían, cuando empezaba a llorar de placer y de risa, ocurrió, que en una de sus fuertes embestidas se les cambió las limitadas expresiones facieles que son capaces de reproducir, (pues su cara y ojos estirados no les permiten moldearlos, así como una operación de botox opera en una cara) tornandose así en gestos de repugnancia y molestos. De de este modo, sin previo aviso me desabducieron en medio de las calles de edimburgo. Con una falda, una gaita, y mucha vida por delante
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