lunes, 28 de febrero de 2011

Desde el suelo

Qué hay cuando vuelas?Todo es precioso, y eliges dejar el miedo en el suelo para que nada te impida disfrutar del vuelo.
Sin saber aterrizar y sin pensar siquiera en ello, te enamoras.Despegas, respiras como nunca nuevos aires limpios y frescos; y tu gente, ahí abajo, se ve insignificante desde las nubes. Los ves como hacen aspavientos llamando tu atención como queriendo que bajes, y tú, les ves como enemigos, enemigos egoístas ya que no disfrutan al verte volar y desean tenerte entre ellos.
Te ves distinto de la gente, por un tiempo te crees incluso superior... Te ves grande y todo lo ves mas pequeño.
Te lanzas, no dudas... Porque en cuanto te entren las dudas, caerás, y lo sabes.
Pero poco a poco empiezas a caer, y los miedos que al principio tenias comienzan a hacerse reales; ya que nunca supiste volar. En el amor, no vale con saber aletear, no vale con saber gustar o enamorar.
Y así comienza la lucha por volver a tocar el cielo por el que un día planeaste. Poquito a poquito vas perdiendo altura, recuperando viejas sensaciones, respirando viejos aires que creíste haber dejado atrás; y no te das cuenta de ello, ni le heces caso porque sigues mirando alto, y luchando por volver allí.
Quisiera haberme dicho, que cuando despegué, volé sin esfuerzo porque pesaba menos que el viento, que de esta manera es imposible volar. Es imposible coger altura si no abres las alas, sin miedo al viento, y es imposible no tenerlo cuando te pegan en las costillas al hacerlo; pero claro, cuando esto pasa a gran altura, no lo quieres aceptar, da mucho miedo.
De modo que te aferras mas al recuerdo de lo que fue. Lo que fue tener las nubes bajo los pies, y estar siempre sobre las sombras; tener un cielo estrellado noche tras noche, y noche tras noche trasnochar para verlas todas.
Pero de poco a poco, aquello que te hizo despegar, te va golpeando. Poco a poco sin poder creértelo, mas bien sin querer creértelo por lo triste que es. Hasta que un día te retuerces de dolor, y no te enteras del porqué; porque no quieres ser realista y sigues mirando al cielo y soñando cuando estás ya en el fondo de un cráter de 20 metros, y la gente que anteayer mirabas desde tan alto, ahora se asoman al borde para verte, tan pequeño, tan insignificante...
Y desde aquí, ahora sé, que es mejor tocar el cielo a base de ir creciendo poco a poco; estar allí arriba, pero también aquí abajo. Tocar el cielo sí, pero con los pies en el suelo. Y nunca despegar sin base, porque al fin y al cabo, te acabarás cansando, y la ostia será cada día que pase mas fuerte.

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