lunes, 28 de febrero de 2011

Palabras de corazón


Por no despreciar la noche, aprendí a apreciar los rayos del sol.
Por caminar cada paso, no desprecié ningún lugar.
He visto mi felicidad en los lugares más tristes, conozco a mi alma inmortal.
Me he visto a mí mismo, cuando no había nadie a quien llorar...
Saboreé cada bocanada de vida, al no hacerle ascos a la muerte.
Caminé por el arcén, la vida y la muerte se separaban por una línea blanca pintada en el asfalto.
Hablé mi propia lengua, inundé el horizonte con los sonidos del corazón, me entendí con la tierra, y sentí tener el mundo en mis ojos, y comprendí, que si tu estás allí, es porque yo estoy aquí, y no al revés.
He visto el mundo con la paciencia de los árboles, he visto la soledad de la noche cernirse sobre mi, y he visto como su bruma se retira al verme cantar y reír. He visto el fuego desde los ojos de un vagabundo y he agitado los brazos tan libremente y tan fuerte, que me alejé de las formas y volé como un pájaro.
Pero no he vi al tiempo pasar en ningún momento, si no más bien, sentí el incesante movimiento del mundo.
He comprendido la vida, porque he comprendido, que el mundo no descansa.
Sentí el miedo en mi piel, cuando dejé de verlo en los dientes de los perros; y lo calmé...
Dejé de juzgar, aprendí a verme en los ojos de la gente, en cada charco, en cada mota de polvo, y el mundo y yo, nos hicimos uno al fin...
Ahora, hablo conmigo mismo, porque me busco en las piedras. Porque se que nada cambia, que la vida no es si no un reflejo de ti mismo, y que hasta que no le sonrías, el, jamás te devolverá la sonrisa.
Ahora entiendo la vida como un espejo con el que jugar a poner caras, y conocerte a ti mismo. Veo al mundo como un lugar demasiado importante como para tomarlo enserio. Ahora veo las preocupaciones como ocupaciones, y no como límites.
Viaja y descubre el mundo con tus propios ojos, porque no existen 2 iris del mismo color. Camina y lleva a tu cuerpo más allá de los caminos, y piérdete del mundo; habla tu lengua allí donde nadie te entienda, y cuando las palabras dejen de ser palabras si no sonidos del alma, encuentra entre ellos tu nombre. Pero sobre todo, nunca dejes que las palabras de los demás penetren en tu corazón, porque tu eres hijo del mundo, y nadie puede saber más que tu.

No hay comentarios:

Publicar un comentario