Cuanto menos, las más grandes emociones nos enseñan quienes somos...
¿Qué menos que vivir?
El niño, como hombre que era creció, y su pene quedó colgando como una campana deseosa de ser tocada y crear música.
El mundo le enseñó su pacto con el mismo, un acuerdo mediante el cual, pasaría a formar parte del ciclo sin fin del universo.
Pero su potencial creador como individuo, fue castrado por una familia temerosa de la creativa sexualidad, y cambiada por unos valores y mentiras, que les harían a los nuevos seres avergonzarse de por vida de su sexo.
El padre, por miedo a ser descubierto, tapó los ojos a su hijo.
La novedad, descargada del peso de lo viejo, fue catalogada como "inculta" y de poco valor, y gracias a ello, el mundo yace en el lodo de su propia mentira...
La creatividad ha sido perseguida desde el principio de los tiempos, porque la muerte ha sido temida desde que hubo conciencia de la misma.
Pues para que algo se cree, primero ha de morir lo preestablecido.
Así es el enamoramiento, un sentimiento místico más allá de toda lógica que ciega y llena de magia a todo aquel que lo haya olido. En el, en esa fundición con el otro y pérdida del yo, en la muerte y la entrega total de lo preestablecido, en el caos, se crea la magia... Pues allí donde no hay nada, sólo queda lo que no existe...
Pero sí existe, no obstante, un debate que se abrió hace mucho más tiempo del que imaginas, y para entenderlo, quizás haya que remontarse muy atrás, a esa época a la que das tan poca importancia por lo "inculto" e "ignorante" que eras... Me refiero al día de reyes. El día en el que de pronto descubriste que los reyes eran los padres... Ese día, la magia y la ilusión que envolvía la noche de color y de energía mística, se esfumó por completo en las carnosas y frías manos de tus padres... Aquella fue la primera vez que tu corazón se rajó. El dolor no fue por el engaño, si no por la tristeza de lo banal que es la vida...
El camino que cada uno elige seguir, parte de este punto.
Unos, decepcionados, deciden buscar siempre un sentido racional a todas las emociones, buscan saber, porque el dolor de la decepcionante realidad pudo con sus ganas de creer. Y otros, pese a la decepción, eligen seguir alimentando ese fuego de ilusión, ese halo de magia que impregna cada cosa, y se resignan a creer que no hay nada más...
Estos son soñadores, y, a pesar de vivir con más alegría que los otros, y en un constante carrusel de emociones intensas, caen una y otra vez en desilusiones...
Los primeros, sea lo que sea lo que pase, siempre andan en la misma mediocridad, solos, abandonados en un mundo en el que no hay más que lo hay, sin un sentido, sin un rumbo...
Y los segundos, sea lo que sea lo que pase, siempre hay un porqué, alguien detrás, algo mágico ahí que, de una forma u otra, otorga a sus padres de una magia y un amor especial, que hace que todos los años el salón se les llene de regalos.
Los primeros dirían a los segundos, que tal miedo tienen a la realidad, y tan flojos son de aceptarla, que se comen la cabeza tratando de dar explicaciones a lo que es.
Y los segundos dirán a los primeros, que tal miedo tienen a la vida, a mojarse y a sentir, que tratan de matarla a base de juicios racionales. Que viven rendidos a la desilusión sin el más mínimo halo de esperanza, y que, gracias a personas con fe en lo que no existe, es posible escribir ahora mismo en el ordenador...
Los primeros viven a lomos de los segundos, criticando y juzgando la vida y las ideas que los segundos traen al mundo. Es decir, los primeros son tan crudos como cruda es la realidad de un parásito.
Lo que tienes que tener claro, es a que grupo perteneces tu.
Y luego existe un tercer grupo, que son los dos juntos.
El tercer grupo, considera que uno es la mística que crea toda la banal realidad en la que vivimos. Y que debemos de enamorarnos y desenamorarnos, tantas veces haga falta, hasta que, en ese camino de construcción y destrucción de ideales y de ilusiones, uno se de cuenta, de que, pese a que todo su mundo caiga, el sigue respirando... Que el es las manos que crean la obra de arte, y no la obra que crea.
Porque, seas creyente o no lo seas, aquello en lo que creas, es lo que crearás. A no ser, que liberando tus creencias, creas en tu propio poder de creación; pero entonces serías Jesucristo, estarías en unión con la fuente directamente, y eso, en principio, dícese imposible...
No hay comentarios:
Publicar un comentario