Y bailamos y bailamos, en el salón de aquel teatro...
Movíamos el cuerpo tratando de hacerlo armónicamente...
Pretendíamos divertirnos...
La pretensión, comenzó a mutar en una petición divina, casi como una obligada recompensa por movernos juntos.
Yo se que eras consciente de mis ganas de marcharme, de la misma forma en la que yo palpaba la misma tensión en ti. Pero por no dejar que los complejos florecieran, ambos fingimos no querer separarnos.
Es fácil hacer el tonto y aparentar durante el tiempo que transcurre en una sola canción, pero ya llevamos tres, y estoy empezando a entrar en el trascendental debate de ser egoísta, o sacrificarme alegrando a los demás...
Pero el disco no parece escucharme, tampoco el imprevisto aparece en escena, y, en medio de la duda, cuando por fin sólo el pálpito de las yemas de tus dedos te hacen existir, comienza a sonar otro infinito horizonte que no estoy dispuesto a soportar...
Me voy,
tomo distancia,
la suficiente para ver el aguante de todas las parejas del local,
lo encuentro estúpido,
así que vuelvo a mi "puesto"
Ahora estoy a tu lado de nuevo, pero esta vez no pienso mover ni un dedo.
Tu comienzas de nuevo a moverte, e incrédula y absorbida por la duda, balanceas las caderas sin atreverte a mirar a los ojos de tu verdugo.
Ahora creo escuchar los gestos de tu cuerpo que me preguntan: ¿Pero porqué me haces esto?
Y los míos responden: No estoy haciendo nada.
Tus complejos se comienzan a apoderar de ti, ya no hay disimulo posible, demasiado tarde...
No, olvídalo, sabes que la black berry te delataría demasiado, ya no hay remedio, quédate a mi lado...
Miras a tu alrededor, y te comienzas a comparar con las demás parejas, todas bailan, todas parecen divertirse, y a ti, te ha tocado estar con migo... Pero me ves tan convencido y tranquilo en mi inmovilidad, que la duda explota todos tus complejos... Soy tan aburrida...
Y sin saber porqué, se te saltan las lágrimas.
Yo lo veo todo sin inmutarme, no estoy haciendo nada malo, y la firmeza de mi decisión me aleja de todos los complejos que a menudo aturden mi alma.
Finalmente, pareces aceptar que no voy a moverme, que mi decisión no tiene nada que ver con tu larga nariz, ni con tu poca originalidad e incapacidad de hacer reír, y comienzas a jugar con mi cuerpo. Me mueves, te cuelgas de mi, me seduces... Que curioso, que justo cuando paso de tus sentimientos, es cuando más libre te sientes. Así pasa la canción, y tu cara ahora sonríe sin esfuerzo. Nos aceptamos, y en ese momento, la canción acaba.
Empieza a sonar otra, me abrazas, te devuelvo el abrazo. Y entiendo en ese contacto, que llevabas mucho tiempo sin hablar con nadie. Tus pies sobre los míos, invitan a que les marque el paso. Estás en mis pies, y yo te bailo... Ahora nos entendemos, te cojo de la mano, y bailamos...
La gente nos mira con envidia, sonreímos sin esfuerzo, y por la alegría de encontrarnos, bailamos y bailamos como niños.
Y así, cuando me despegué de la corriente, aprendí a despegar a las personas que vagan perdidas y solas, de los roles que las agrupan, aturden y dispersan...
De vez en cuando, está bien asustar un poco...
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