Existe un maravilloso silencio en la destrucción.
Una, innegable paz en la soledad...
La presencia borra todo juicio de tiempo,
y el mañana se convierte en algo aún por construir.
Toman vida las calles, cuando la gente descansa en casa.
Y la soledad,
se convierte en la mayor de las compañías...
A lo lejos se agradece el sonido de un caminante solitario,
cuya distancia no consigo adivinar.
Pero es agradable su compañía,
porque nos es agradable la soledad...
Que grandes regalos esconde la niebla...
Que pocas ganas tengo de acostarme para mañana despertar en la misma rutina de siempre...
Que pocas ganas tengo de gentes,
que pocas ganas tengo de mundo.
Que pocas ganas tengo de ti...
El frío es una gran compañía,
porque es un caminante gélido,
que tal y como viene se va.
Nada en el cambia si alguien muere bajo su manto,
el camina y no se inmuta...
Puedes chillar,
puedes cantar, bailar, llorar, quejarte... Morir...
Que el seguirá viniendo una vez tras otra,
hasta que algún año,
de todos los que tiene tu vida,
caigas al fin en la cuenta,
de que sólo podías resignarte.
La tuya es también una grata compañía,
porque tal y como vienes te vas,
sin inmutarte de mí...
Contigo he chillado,
he cantado, bailado, llorado... y demás ados...
Hasta que al final,
no me quedó más que aceptar,
que tu nombre es fuego,
y que acercarse a ti es arder.
A veces hace frío, pero, jajajaja,
he aprendido a frotarme.
Y no te hecho de menos,
porque un año tiene todas las estaciones,
y por todas ellas pasa mi tren,
Como caminante que soy,
sin inmutarme de tus frías mentiras
ni de tu apasionado calor...
¿Que me importa ser sincero?
¿Qué me importa ahora expresarme?
Desnudarme, llorar, amarte...
Que más me dará,
si cada lágrima que derramo
es para bañarme de mí,
y no para cambiarte.
¿Qué me importa ahora ser libre,
si sé,
que haga lo que haga,
nada va a cambiarte?
Qué más me da ya chillar de júbilo sin la menor de las vergüenzas,
si se que al final del camino,
sólo me quedará resignarme...
Canto por darlo todo en un soplo,
me callo, porque prefiero mantenerme intacto.
Bailo por no dormirme,
escribo por no temer que me leas...
Ahora, en esta andada danza como Peregrín-o que soy,
dejo que se acueste en mis hombros la tristeza sin inmutarme,
porque ella también es un caminante,
que tal y como viene se va...
Y en manos de la evidencia dejo su libertad,
para que, al no encontrar en mí respuesta ni cobijo,
halle su camino en la destrucción,
para dejar entrar por fin,
el principio de la primavera...
FLOR...
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