Mané, energía sin forma, potencial, primaria y etérea, creó a Kahré, como manifestación de sí misma.
Mané, es el sol, en continua explosión creativa. Mané inunda todo de energía vital, y da luz, a la vez que sombra. Pero no es ni luz, ni sombra.
El mané existe en el interior de cada planeta, mané es la lava candente, el núcleo, y habita en el interior de todos los seres que mané creó.
Kahré es un punto de vista, una posición concreta e individual, un rol, un ojo de buey desde el que atisbar porciones de Mané, un planeta... Kahré es una lupa, que concreta la luz del sol (mané) en un sólo punto, para que se manifieste aquí al igual que allí. A veces se enfoca en una sombra, a veces en las cosas, y, otras veces directamente se enfoca en la luz. Kahré tiene luz, y tiene sombra. El es ojo de buey, y ve aquello que a voluntad enfoque, por lo que kahré es VOLUNTAD, y está aquí, para APRENDER como un individual, la divinidad y la sabiduría de Mané, para ser, en sí mismo, un Mané individual.
Existen Kahrés que fijan so ojo sólo en una pequeña y bella porción de la infitud que es Mané, y creen ser y conocerlo todo. Pero viven dependientes y persiguiendo siempre la misma imagen, porque sienten que su identidad, dependen de lo que ven. Estos Kahrés viven en constante angustia y soledad, porque de perder esa bella visión, mueren, y, al no apreciar la noche, se sienten a medias, y siempre incompletos pus rechazan su sombra.
Otros Kahrés, viven enfocados en la sombra, maldiciendo a Mané, y, eligen una vida de condena ya que su identidad depende de que su vista se enfoque siempre en la sombra y en la tristeza.
Existen también Kahrés, que buscan. Que, como aventureros, sienten curiosidad y ganas de conocer todas las caras de Mané, pero estos Kahrés, siempre andan sedientos de aventura, y en una constante búsqueda desesperada, porque Mané es infinito, y jamás sabrán con exactitud que es lo que buscaban...
Pero Kahré está aquí, para convertirse en Mané, para evolucionar como estrella, para abrir tanto el ojo de buey, comprendiendo y aprendiendo de Mané, que se haga consciente de que no está separado de mané, que sol y sombra son una misma cosa, y de que el no es un observador ajeno a lo que ve, si no que está rodeado de el, como el astronauta que mira por la ventana de su nave espacial. Un astronauta que se da cuenta de que está rodeado de espacio, y que no es sólo aquello que su ventana deja ver. Entonces su consciencia se libera, y el ojo de buey se abre. El que mira, y lo que ve, se convierten en uno sólo, porque deja de haber separación entre ellos. Y nace una estrella con luz propia.
Y el Kahré que consigue ser consciente de su posición en el Mané, y de que no es un aparte, si no parte del mismo todo, se convertirá en luz, en fuente de creación, en sol, en Mané...
Las religiones, no son más que los nombres que les dan en distintas lenguas a las mimas cosas.
Más allá del juicio y del punto de vista de cada uno, lo único que somos capaces de ver, es lo que la luz del mismo sol nos deja.
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