Dejar de aparentar es dejar de gastar el tiempo en aprender formas y modales que simulen un respeto y una empatía que no hay, y dejar de imitar formas imaginarias, es lo mismo que dejar de buscar en la meta lo que queremos, y de hacer esto, se acaba con las rutinas, y de acabar con éstas, se entra en el reloj natural de tu cuerpo, y al escucharlo, no son necesarios nutricionistas ni disciplinas que compensen una sobrealimentación innecesaria, porque ésta sólo se da, porque sólo con edulcorantes y azúcares y mierdas de esas, podemos llegar a sentir algo de estimulación, en un cuerpo adormecido y acostado en el colchón de una rutina segura, que marcha a paso firme en un tren directo al destino soñado, en el que esperamos despertar, y que esté todo por fin correctamente. Pero claro está, que éste es el engaño. Porque bajarás del tren, te mirarás al espejo y dirás, oh, qué cuerpazo tengo, qué cochazo tengo, qué casa, cuánto conocimiento tengo, estarás rodeado de un bonito paisaje, pero tú estarás en el fondo, igual de amargado, de dormido y de agilipollado que estabas al principio. Serás un imbécil metido en un cuerpazo, un imbécil conduciendo un gran coche, y un subnormal en albornoz paseándose por su lujosa casita. Y porqué imbécil y subnormal? Pues porque sólo un imbécil y un subnormal, sigue haciendo las mismas cosas una y otra vez, buscando enriquecerse, culturizarse y aumentar su masa muscular o sus tetas cada vez más, a pesar de haber visto, que no han conseguido lo que buscaban.
martes, 22 de julio de 2014
POCO A POCO
Forzado a sonreír, a entretener y a pasar buenos ratos. Forzados a la salud y a la felicidad. El sufrimiento de los países a los que explotamos me exige ser feliz con lo que tengo, pero curiosamente, sucede que el mal es el mal, y el beneficio y la codicia no trae ninguna felicidad. Pero soy yo el desagradecido, que no rompe su conciencia y se entrega al vicio sin miramientos. Yo busco la felicidad y el equilibrio y eso es lo que no encuentro en lo que me dan. Por eso no soy feliz haciendo lo que otros hacen, no disfruto consumiendo ni distrayéndome en conversaciones que consumen información, no soporto ver cómo se queda para matar el tiempo, y cómo se hace todo simplemente para pasarlo de la manera más ligera posible. No me gusta quedar con gente sólo para dar una cara porque soy mucho más que una risa, infinitamente más que el chiste y la gracia, y he encontrado maravillas en la pena y en la soledad, y, he encontrado que todo el mundo las tiene, y que nunca se queda para compartirlas. Me es mucho más atractivo quedar con alguien para amargarme que para pasar un buen rato, seguramente me sea mucho más fácil de hecho amargarme que pasar un buen rato, total, sólo tengo que abrir la boca y dejar que fluyan sin pensar mis sentimientos. Es mucho más fácil que andar tratando de cambiarlos para que lo que salga por mi boca se vea atractivo y seductor, o me haga parecer más esto y lo otro para ser valioso para ti. Es mucho más fácil para mi no ser valioso para ti, que me rechaces, y se me viene a la cabeza decirme, ¿y qué mérito tiene hacer lo fácil? lo bonito está en el crecimiento... Pues entonces yo contesto, y ¿Qué creces tú, si todo lo que haces es aprender a cambiar tu imagen mientras tú sigues igual? Pues crecer es expandirse a uno mismo, lo otro, es jugar a engañar a los demás. Aprender muecas vacías, que sólo harán que se arrugue la piel en millones de pliegues, como una puta pasa pocha a la que le ha succionado el tiempo la vitalidad que la hizo ser pasa. Aprender a dejar de aparentar, es también empezar a escucharse a uno mismo, y dejar de seguir la voz de los expertos de turno, que siglo tras siglo se contradicen unos a otros y fajan de manera sistemática la evolución del ser humano, marcando los límites de la realidad y sometiendo el mundo a un acuerdo de una masa crítica sin capacidad de crítica.
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