Por el momento, no conozco al diablo, pero sí se como opera en este mundo.
Se gana tu favor con mentiras, porque las mentiras son como un castillo de naipes. Se construye rápida y fácilmente, y aparenta grandilocuencia. Pero al más mínimo soplido, te das cuenta de que no hay nada... Claro que, ¿a quien no le enamora la idea de tener aquí y ahora esas cosas que tanto ansías?
Yo conozco por carne propia las estratagemas del diablo, y cómo ha sido capaz de corromper hasta el límite a las personas que más he amado. Lo he visto, y me muero de la pena, porque sigo amando a esas personas que cumplen condena por voluntad propia. Sus libres almas, son libres más allá de la vida y el diablo no puede romperlas, ha de corromperlas poco a poco, con sutileza, con el chantaje...
La lucha mantiene al alma, no libre, pero si íntegra y viva. La lujuria, lo fácil, lo hecho, la amuerma y la mata, la consume... El alma vive de experiencias, del trabajo, el alma se alimenta de actos firmes y valientes, y la mentira, como vive sin fundamentos, nada tiene detrás, no hay alma en la mentira.
Hoy en día el mundo está construido sobre una gran mentira. Las finanzas, los negocios, y todo prácticamente es electrónico. Ya no se escriben cartas, ya no te llega la letra de amada a tu casa, sólo el estándar ario de las letras... Los niños compiten electrónicamente, se comunican electrónicamente, viven en mundos paralelos, donde su personaje hace todo lo que el desearía hacer en su vida cotidiana, si, esa que está tan alejada de el mismo. Ya casi no existe comunicación en la familia, y la familia ni tan siquiera se percata, porque la tele siempre está ahí, de fondo, tapando los silencios y silenciando los problemas que día tras día se van quedando más al fondo del alma... Tan al fondo, que cuando se van los plomos, nadie dice ni una palabra...
Los niños engordan, patosos de ellos, dejados, sin voluntad, viviendo una vida en un mundo virtual, nada tiene que hablar entre ellos, son vírgenes en la vida, y a medida que crecen, crece la vergüenza y crece el rechazo a la vida auténtica.
Todo es tan fácil como hacer un clik, esto lo oigo todos los días en la televisión, y es el diablo mismo llamando a la ventana, y pidiéndote que le vendas tu alma. Te dice: Te propongo un trato, tu me das tu potencial, tu trabajo, la experiencia, la sabiduría que aprendes de la misma, y tu... Alma, y yo te doy esa meta que buscas ya. A un sólo clik, como por arte de magia. Y nosotros, lo hacemos.
Pero pasa el tiempo, y no somos capaces de valorar nada de lo que nos rodea. Cada bocanada de aire es un regalo para que sigas viviendo, si dejásemos de respirar durante 3 minutos, moriríamos. Y nadie se percata de esta bendición, ni tan siquiera yo. Pero, esta sociedad, el primer mundo ha avanzado mucho, ¿verdad? Ahora somos más parecidos a Dios, podemos tener lo que queramos prácticamente cuando queramos, y lo que no nos llega nos desespera. Así anda occidente, lleno de gente sin problemas reales discutiendo, pitándose y alargando sus tristes vidas indefinidamente, porque esperan aún un empezar a vivir de verdad un día de estos... Mientras los países tercermundistas, agradecen la lluvia, un trozo de pan, respirar... Agradecen todo, porque no tienen nada.
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