El diablo tiene muchos nombres, y tiende siempre de apoderarse de todo. Dice, esto es mío, yo soy esto. Te posee a ti, te aleja de ti mismo dándote distintos nombres. Eres el despistado, el desastre, el cerdo, el que nunca hace nada, el cobarde... El artista, el bohemio, el inteligente, el sabio, el que...
El diablo necesita que creas en el para existir.
Tu eres, no necesitas que nadie te nombre para ser.
El diablo, es todas esas palabras que se interponen entre tu y la gente que amas. Es eso que te aleja de la vida que estás llamado a vivir, el diablo, es eso que te aleja de ti mismo.
El, se manifiesta en este mundo, y la verdadera lucha no está en la cabeza de un predicador "iluminado", si no aquí, en tu historia, en tu gente. Porque el diablo es tan palpable como palpable es la imagen que la gente tiene de ti mismo. Nadie ve quien realmente eres, sólo ven una imagen de ti, un ego, tus diablos.
Y el que vence, es aquel que se hace a imagen y semejanza de si mismo, aquí, en este mundo; así, se vuelve transparente, para dar luz.
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