Por fin llega mi momento,
los actores se apartan,
el guión parece silenciarse,
y durante unos segundos,
el teatro,
se mantiene en vilo esperando mi respuesta.
Toneladas de miradas aplastan mis pulmones,
las lágrimas y el sudor de mis compañeros me ahogan,
soy la cabeza de una peonza,
soy el tapón de una olla a presión,
soy... El enchufe de una montaña rusa,
soy un simple actor...
Y esto, no es más que una gran mentira.
Adiós.
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