miércoles, 11 de junio de 2014

MÉTODOS ESCOLARES.

No vale ningún método escolar, porque no parten de los principios si no de un sistema basado en principios que ya dejaron atrás.

Y así sucede, que los alumnos quedan sin creatividad, porque estudian la forma del árbol, en lugar de comenzar desde el principio, el impulso vital que lo hace ser tan único como es, captar luz. 

Les enseñan que no existe la excepcionalidad, que todo es mecanizar y repetir, que sólo unos pocos privilegiados nacieron con el don de crear, y todos los demás sólo podemos caminar sus mismos pasos de la mejor y más fiel forma posible, con sacrificio y destacando, porque esa es la única forma, dicen, de conseguir la individualidad.

Así hablan las personas a quienes otorgamos el derecho a decirnos lo que son las cosas, lo que debemos de hacer, y lo que somos. Personas cuyo conocimiento no comprende la creación misma, y a estas personas escuchamos en lugar a a la vida misma, a personas que no saben ver, y creen tener el poder de enseñar y mostrar, cuando todo cuanto puede aprenderse es a saber ver por uno mismo.

Así los alumnos no caminan por su propio pie, si no que van subidos a un método, un tren que avanza en un sólo sentido, porque creen que el aprendizaje consiste en llegar a las metas que otros llegaron y no en el camino que cada uno recorre.

Casi todo cuanto veo, está contaminado por la misma plaga, que es la idea cristalizada del yo. Y las escuelas enseñan a recopilar datos, datos que aumentan y dinamizan el yo, y que sólo refuerzan y aumentan una idea, en lugar de romperla para poder ver las cosas por sí mismas, en toda su grandeza, porque de este modo, el aprendizaje se perpetúa infinitamente, porque las escuelas viven para sí mismas, y no para el crecimiento del hombre.

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