martes, 29 de abril de 2014

Lobo solitario

El lobo pertenece a la naturaleza, al bosque.
El lobo no puede habitar en una jaula, ni tras los límites de las leyes de los hombres.
El lobo necesita la selva, correr por parajes, habitar en el hambre y que éste despierte su voluntad.
El lobo templa su espíritu con la ley de la muerte, y comparte así la comunión con el espíritu que emana la vida a cada ser.
El lobo camina guiado por la voz de la naturaleza y su ley que, a la par que inquebrantable, respeta por igual a todo ser, en su integridad, libertad y voluntad, hasta recobrar lo que un día le fue prestado.
El lobo jamás podrá domarse por el hombre, porque vive de éste pacto con el mundo, y a éste también pertenece el hombre, muy a pesar de que lo ignore.

Vagar por los parajes que destinó el universo en esta tierra como alma propia, conocer de primera mano con la suya todo cuanto aparece en el camino…
Éste es el camino del lobo.

El lobo solitario encuentra su manada en la unidad con el espíritu del que todo proviene, por eso no intenta pertenecer a los de su especie… Porque entregarse a ello, sería perderse de todo lo demás.
El lobo solitario es un guía para todos los demás lobos de manada, y aunque le pese a éste la soledad de su carne, es condición nata que así sea para quien se busca en este vasto universo que es uno mismo.

Y quien encuentra su rostro en lo más profundo de la oscuridad, aúlla a la luna, compañera de la mística noche, y centinela del alma inmortal, cánticos de añoranza… Añoranza del ser.

Quien se reconoce en lo inhóspito, quien hace de su hogar lo desconocido, aúlla a la luna cánticos de añoranza, al espíritu imperecedero que no descansa.

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