Tu cuerpo ya está en paz, eres tú quien no está en paz con tu cuerpo.
Porque existe una quietud en el principio de todas las cosas.
Existe un insondable silencio y una paz que habita en lo más profundo de todo cuanto nos rodea.
Somos nosotros quienes, al identificarnos con las formas, perdemos el alma y la voluntad que subyace bajo todas ellas, y de este modo, buscamos ese orden y esa paz perenne, en la caducidad de lo momentáneamente tangible.
Y pondremos todas las razones que nos hagan falta para exigir al mundo un cambio, porque es la razón, el problema mismo de la desconexión con el orden y el equilibrio del momento.
Y si despertase la humanidad en espíritu, y lo viese, entonces el mundo entero brotaría en armonía y paz.
No hay comentarios:
Publicar un comentario