domingo, 19 de junio de 2011

LA BELLA DURMIENTE.

Ella,
siempre esperó dormida,
soñando en lo alto de una torre con un príncipe,
que con el primer beso de amor verdadero,
la despertase de su agonía.

Y, como en las películas de Dysney,
éste llegó...

Pero el, para desgracia suya,
no se parecía en nada al príncipe con el que ella siempre soñó.
No era tan fuerte, ni tan valiente ni tan guapo como imaginaba...
No...
El, era real.

Y la besó.
La entregó en cada uno de sus besos toda su vida.
Porque todos los pasos que dio,
terminaban en la habitación de esa torre.
La amaba, con todo lo que tenía...
La amó tanto,
que no se fue,
y se quedó con ella,
hasta librarla de toda su mentira.

Pero ahora ella vive en vigilia,
entre el sueño y la realidad...
Y maldice al príncipe una vez más,
porque prefiere seguir durmiendo entre algodones,
aunque éstos no sirvan más que para separarla de la vida.

Así acaba este cuento.
Así acaba el encuentro...

Los príncipes buscan princesas que rescatar,
y las princesas príncipes que les rescaten.
Así acaban todas las historias de amor...
Así, con la cicatriz del corazón tallada en la piel.

Alvaro.

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