Tus palabras llegan a mí como bolas de cañón perdidas, que buscan causar impacto en algún lugar remoto de mi corazón. Cada frase tuya sólo sale para encontrarse con su eco, y si éste no le responde, simplemente, te marchas.
Te buscas entre la maleza de tus miedos, y a hachazos te abres hueco entre todas tus penas, sombras y demás historias... Te pones a hablar sin parar, usas las palabras para perderte entre ellas, y navegar a la deriva, sin responsabilidad ni rumbo... Y buscas desesperadamente un capitán de barco que te lleve a través de las desatadas tormentas de la vida. Porque de depender de tu idolatrada inconsciencia, acabarías por desaparecer de la faz de la tierra. Por eso jamás te podré entender, hasta que no comprenda que tu destino es morir a la deriva... A ti te gusta correr de lado a lado de la acera, sin control ni conciencia, y necesitas ser prisionera de un amo permisivo que te ate con correa, y te mantenga a salvo de los coches, y te coja en brazos cada vez que te enzarzas en cualquier disputa estúpida con otro perro.
Y yo, yo bastante tengo con tratar de aprender a ir sin correa, como para agarrarte a ti, y dedicar todo mi tiempo a salvarte de tu amada y "cuerda locura"; la cual es la más estúpida de todas, porque busca a propósito su propia perdición. Es como querer ser retrasado mental a propósito. Mi trabajo contigo en esta vida, ha sido pues, mostrarte una pequeña porción, de las consecuencias de tus actos. Porque más allá de toda correa, por muy larga que sea, por muy loca que te puedas volver, no tiene ni punto de comparación con la libertad que te da conocer los semáforos, los lugares de comida, etc etc, y tener capacidad de poder ir a donde quieras y cuando quieras...
Y perdona que me cueste la vida comprender esto, porque yo se de lo que son capaces tus velas, y conozco los lugares con los que tu sueñas... Lo supe desde que leí tus deseos más profundos navegando por las redes sociales. Y desde entonces quise llevarte de la mano allí, porque veía en cada párrafo como pedías eso que yo podía darte, y... Ahora veo que... Un hombre siempre encuentra exactamente lo que busca, es decir, que no ve más que sus sueños, aunque tenga delante de el todo lo que siempre ha buscado.
Cuidado con donde pones tus ojos, porque eso es todo lo que ves.
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