jueves, 12 de mayo de 2011

Aprendiendo de mamá

La naturaleza tiene una estructura ininteligible, ya que de hecho, la inteligencia misma, es producto y parte de ella. El universo creó la inteligencia, la inteligencia, no crea nada.

Tener conciencia de nuestra naturaleza intrínseca, es desprenderse del imposible control de la misma, ya que la germinación de las plantas, el desarrollo de un embrión, etc etc... Pertenecen a otro orden, tan imposible de comprender, como liberador de aceptar. Esta aceptación que parte de la consciencia, conlleva a una auto-liberación y proliferación natural, a nivel psicofísico y espiritual, y, por lo tanto, a escala planetaria, dejándonos como espectadores del cosmos, únicamente con el poder de la conciencia de este poder inhumano, y con nuestra voluntad, y direccionalidad.

Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo.

La naturaleza pues, crea y recrea tanto a uno mismo, como toda voluntad de creación y pensamiento, por fuerzas, estructura, y orden propio más allá de nuestro control.

Has de dar libertad a las formas (no juzgar) y tener clarividencia de ideas, de deseos, y de voluntad. Porque así, y no de otra forma existe todo lo que existe. De dentro hacia fuera, desde la idea, hasta que el universo lo recrea.

De modo que el trabajo, es de limpieza de intenciones, de direccionalidad, y de miedos. El trabajo, es preguntarse porqué; el cómo y el que, pertenecen a otro orden. No intentes cambiar las cosas de fuera, si no tu forma de percibirlas. Eres libre, libre de todo, y no hay palabras mal dichas, si no mal interpretadas. Porque existe una verdad en cada mentira, y es que trata de convencerse a sí misma de algo que no es cierto. Porque la felicidad y la libertad, es un jardín al que has que entrar descalzo, y desnudo.

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