No, no tengo el chip, aunque donde el deber, siervo del miedo me pide, lo actúo. Pero no tengo dentro de mí el chip, no sirvo, para nada ni para nadie. Veo, y no quiero pasar el resto de mi vida cegado por algo tan ilusorio como cualquier fin, nada vale un sólo ojo de mi alma.
Yo quiero saber en ésta, mi existencia, de todos los rincones y recovecos. Quiero nadar el vacío y beberlo a sorbos, quiero ser abrazado por el fracaso, y si un día, en sabiduría probase el éxito, no temer la pérdida. Pero no alientes mis pasos ni con miedos ni con recompensas, a un peregrin, es el camino quien le mueve.
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