viernes, 20 de abril de 2012

Visiones en Almería.

He visto la tristeza que rodea la hipocresía, he estado allí donde ocultas todas tus mentiras, y te he visto andar de un lugar para otro sin cesar, huyendo constantemente de todas ellas.

Esclavo de ti mismo, te refugias en tu mundo, un lugar cada vez más pequeño y más consumido, arrebatándoles la verdad a todas las personas que habitan en la periferia.

Así es el hombre moderno, que se burla de su sensibilidad, y se separa del espíritu que une todo lo material, encorsetándose en un mundo lleno de excusas y de conocimientos ajenos a su propia realidad.

Es por esto por lo que distingue y juzga como real e irreal, porque se le enseña que pensar es aprender y aprender, en lugar de relacionar, aún sabiendo que el cerebro mismo, funciona a base de relaciones de información neuronal.

El hombre, que vive en porciones, tiene la aberrante capacidad de aparecer en porciones distintas de si mismo, y poder así ocultar su verdadero ser y sus miedos en una pantalla ordenador, de un televisor, o una cerveza, porque toda estas cosas, son homogéneas.
El hombre fraccionado cree que no existe relación entre sus actos y el mundo que le rodea. Cree que nada está relacionado entre sí, a pesar de basar sus vidas en las relaciones, y de saber que vive del oxígeno tal y como los árboles del dióxido de carbono. El hombre fraccionado no sabe pensar, sólo repetir y repetir sin entender nada, como una máquina. El hombre fraccionado cree que sus mentiras no afectan a nadie, y que desaparecen en el cosmos, porque se siente separado y fraccionado de todo, cuando en realidad, su tristeza sólo compartida por su soledad, le hace consumir sin parar, para así aturdir sus sentidos, y volverle cada vez más sordo, más insensible y más ciego. Y todas las mentiras que su cuerpo no es capaz de digerir, se transforman pues en objetos inútiles, que sólo alimentan a un ego insaciable, que nada más sirve para mantener un papel en una sociedad hipócrita. Hipócrita, porque destierra lejos de los ojos de sus habitantes los residuos sobrantes de todas sus mentiras y alimentos que no terminaron de consumir. Mentiras putrefactas de las que se alimentan aquellas personas y animales a los que les toca vivir la otra cara de la moneda.

Todo es energía, todo está interconectado. Todo aquello que tu cuerpo no sea capaz de digerir, es una mentira, y todo aquello que te sobra, es energía que a otros les falta.
Eres infeliz, triste y andas por la vida condenado a padecerla. Perdido de objetivos y desorientado, comes, comes por gula y no por hambre, mientes y engordas, consumes y vives cosas que te sobrepasan. Exprimes más de lo que eres capaz de procesar, y desequilibras el mundo en el que habitas, porque arrebatas lo que el 80% de la población de la periferia, necesita para estar en equilibrio.

No huyas de tu verdad, no calles a quien te hace pensar, tarde o temprano la muerte llamará a las puertas de tu casa y poco a poco, la realidad se irá llevando a todas las personas que en ella habitan de una forma desoladora, desoladora, sólo porque viviste todos los días de su vida inconsciente e ignorándote.
Es estúpido perder tu poder, al pedirle a alguien que te otorgue libertad, porque el simple hecho de hacerlo, te convierte en su esclavo. Es estúpido esperar que los que mandan organicen todo de manera que el mundo se convierta en un lugar sostenible y de bien estar, porque el mundo se hace bajo las raíces de tus pies, que, aunque invisibles, existen y nutren el mundo. Es estúpido, porque si piensas y relacionas, verás que se ha demostrado que es inútil proponer ningún cambio bajo ningún eslogan ni bandera. Porque ni los árboles ni las ardillas ni el viento ni el sol entienden estos símbolos, y todo aquello que no se adapte a la naturaleza, termina por extinguirse.

Pero tu te escondes del frío y de la lluvia, y caminas por la calle, como si la calle no fuese más que un lugar de tránsito. Transitas de un lugar a otro, como si sólo existieses cuando llegues a ese lugar al que estás hiendo. Y por el camino, dejas a todas esas personas que tienen el olvido como hogar, inexistentes, desaparecidas... Esas personas son todas esas partes de ti, que durante tu incesante andanza ignoras.

Estos momentos de tránsito, vacían tu mirada y tus ojos, que obedecen a una... Entidad inexistente, (mucho más inexistente que cualquier entidad espiritual) llamada rutina, alejándote de tus seres más queridos, y dejando a sus hijos en manos de la misma rutina de educación y de cosas, que asolan sus vidas.

El incesante tránsito de un lugar para otro, disecciona como hace la mente intelectual y científica, a la realidad en porciones, y entiende a la vida, como vida, y a la muerte como muerte, en lugar de dos partes de una misma cosa. Entonces el hombre ve al mundo y a si mismo, como seres totalmente separados que viven en una constate guerra, cuando, les han hecho aprender y repetir millones de veces, que su existencia se debe a una perfecta simbiosis con el medio.
Este devastador vacío que crea la separación del alma y el cuerpo, al cuerpo de la mente, la mente de la emoción, y a este ser, del universo, le convierte al ser humano en un ser lleno de miedos, que busca desesperadamente un lugar al que aferrarse, una firme realidad, que le aporte durante el tránsito de sus vidas, una idea semejante a la de la inmortalidad... El no-cambio. Cuando, saben, porque así se lo han hecho aprender millones de veces, que somos en esencia átomos, y que la energía ni se crea ni se destruye, sólo se transforma.

El conocimiento no ayuda a nadie, el descubrimiento es ese sinónimo de la palabra vivir. Y el conocimiento, el cementerio de recuerdos en el que vive la nostalgia.

Es por esto por lo que le pregunté a la tierra sobre cual era su sentido. No quería otra cosa que dejar de ir contra corriente. Y ella me dijo, que jamás podré llevar conmigo más cosas de las que ella es capaz de darme. Que le entregue todas las mentiras y todas las cosas que cargo conmigo, porque es energía que el que viene tras de mí puede necesitar. Y que camine ligero y con fe, porque el universo es mucho más grande de lo que jamás pueda llevar en mis brazos. Que soy yo quien me separo de el y de la abundancia al acumular por miedo a perderme y sentirme solo, cuando el siempre ha estado, y siempre estará ahí.

Dicho esto, el niño que hacía el agujero en la arena, tratando de meter el océano entero en el, desapareció. Dejándome la llave de la iluminación a orillas del mar.

El reino de los cielos no era algo que alcanzar, si no el lugar que habito.

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