miércoles, 21 de marzo de 2012

De vuelta de mi viaje terrestre.

De vuelta de mi viaje terrestre.
Se fue la magia, y perdí toda la fe que en mi guardaba.
Tenía miedo del mundo, y siempre quise mantener virgen todos mis sueños, eso y no otra cosa, era todo lo que tenía...

Y de pronto llegaste tu, un espejismo fruto del desierto que es tu corazón, y dibujé en tu vacío, ese espacio que siempre busqué.

Yo te quise creer... Y aquel que no me entienda, aquel que se ría de mi error, le diré que no tiene el valor de apostar en la vida.

Tenías en tus manos todas las ilusiones que alimentaban mi esperanza y mi vida, y, como recolectora de sangres puras que eres, te llevaste la mía con la frialdad y la profesionalidad de una acción rutinaria. Y así es la vida... Estrellas fugaces que siguen un rumbo fijo, y que sólo puedes verlas cuando se cruzan, por casualidad con nuestra capa de ozono. Sólo eras una más, y yo, sólo era uno más... ¿Es esto lo que viniste a enseñarme?
¿Fue ese tu cometido?

Fui una vez tras otra a tu ventana, que, por cosas del destino siempre daba a la calle; para recuperar mis sueños, por que no podía entender el mundo sin chispas, sin vida... No pude, yo nunca he sido así. Y tu te los llevaste todos. Me introduje en tu olor, en tus ojos, en tus labios, u en tu sexo una vez más... Una vez más volví a seguir las migas de pan que me perdieron en ti, para recuperarme, pero, una vez más, no encontré más que el devorador hambre de una niña sola, que usa su cuerpo al que el tiempo esculpió como mujer hermosa, para contentarse aunque sea por un segundo de la compañía de alguien.
Allí sólo había tristeza y agonía, ahí estaban todas las lágrimas que jamás comprendí, todo ese miedo y ese hambre disfrazado de encanto que tanto te caracteriza.

Fui a buscar magia y hallé realidad. Por un momento pude verme, tan inocente y tan virgen de vida, pero tan valiente, cayendo sin miedo en todas tus redes... Por un momento pude verme, tal y como soy... Luchando con todo mi potencial contra la lona de la piscina que me atrapó al tirarme de cabeza. Y entiendo que sea adictivo... Tan triste es esta vida entre edificios, entre juegos y estúpidos roles, que es preferible a veces, la agonía y la tormenta, porque al menos te hace sentir vivo.

Todo aquello que fue ya no existe, voló contigo, se esfumó... Fue mucho más que un amor roto, o quizás es justo eso, y por esto duele tanto... Por que al acabarse no eres tu a quien pierdo, si no todo aquello que creí ser yo. El especial, lo no mundano, lo puro... Aquello que por no medirse me evitaba de perderme entre envidias, faltas de estima y sentimientos de insignificancia ante tanta y tantas gentes de la urbe. Pero ahora que lo pienso, ¿no es precisamente una vida vivida la que envidié, y la que me mataba de rabia al mirarla desde la mampara de mi segura prisión? ¿No fue ese el motivo por el que me lancé a la aventura?

Si, soy uno más para ti, y para cualquier otro, uno de esos que seguramente se mueran al estrellarse el avión, uno de esos de los que no sobrevivirán a nada, uno de los que, en caso de estrellarse un meteorito en la tierra, se comía la explosión entera jajaja, y no tendría la suerte de estar en un monte, resguardado por un árbol accidentalmente caído y que le tocaría repoblar la tierra... No, la vida me ha demostrado que soy uno más, y que sólo puedo aceptar mi fin con los brazos abiertos, y sin miedo. Aceptar mi destino y disfrutar de las sorpresas que la vida me guarde a la vuelta de la esquina. Que mi magia no es mía, si no del misterio de la vida misma, y que mi individualidad se ve reflejada en cvada charco y en cada baldosa del metro...

No quiero recuperarme, no quiero palabras que recuperen mis falsas y frágiles estimas y esperanzas. No quiero construirme una piel de mentiras para volver a adormecerme otra vez en un montón de rabia, mirando con recelo como la vida pasa y, y como el miedo me mantiene en mi cuarto viendo la lluvia mojar de vida los árboles, y limpiar el polvo de las calles. Yo también quiero mojarme, yo también quiero que limpies mi roñosa y cómoda piel, y que me empapes de lluvia ácida y me des una muestra de la realidad de mis rutinas.
No quiero recuperarme, porque ya no me siento solo, ni aislado, ni entregado a una persona que se aferre a mi, para mantenernos cómplices de nuestro propio asesinato. Tu crees en mi mundo, y yo creo en el tuyo, y mientras estemos juntos, nos sentiremos únicos... Separados de todo el mundo, de la vida nueva e incesante, pero juntos en una burbuja cómoda, cómoda y mohosa... Putrefacta y falta de vida... Esa es la inminente condena de la quie hablan los casados, y a la vez, el motivo de las incesantes idas y venidas de las parejas que hoy en día habitan mi mamita tierra..

Yo no, yo no quiero recuperarme, porque ahora, ahora que no soy nadie, cada tecla que pulso me acompaña, ahora que soy tan sumamente insignificante me siento más grande que nunca, y todas las personas, y todas las cosas que veo comparten mi frágil, insignificante y efímera existencia. Y es ahí donde habita mi grandeza, en compartir esa esencia y esa complicidad que nos iguala ante la muerrrrrrteeeee....................

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