lunes, 30 de abril de 2012
Porque lo he elegido.
Llegó el día en que llegué al convencimiento de que la vida no es vida si no elijo por mi. Hasta ese momento, mis días se resumían en un constante cumplimiento, en una huida sin fin y sin un sentido concreto, porque lo único que impulsaba mis pasos era lo que venía persiguiéndome sin tregua tras de mi.
Entonces quise...
Quise que cada momento fuese una elección, y que mi futuro se convirtiese en una improvisación, abierta a lo que el momento me ofreciese, y no un plan tras el que asegurarme la supervivencia, lejos de ti, lejos de todo.
Quise que todas las personas que apareciesen a cada momento, fuesen bien venidas a mi mundo. Un mundo fuera de toda regla, un mundo que no busca, pero que tampoco evita el inevitable dolor. Un lugar sin sufrimiento, sin reglas, sin miedos ni formas que establezcan las relaciones por nosotros.
Divisé un mundo en el que las personas se expresan con sólo mirarlas, donde el arte vive en la piel de cada uno, y que no necesita refugiarse tras letras, ni tonos musicales, ni pintura, ni escultura ni conocimiento, ni religión, ni identificaciones mentales.
Era un mundo bello, porque opté por la belleza, frente al mundo que nos brindan siempre, un lugar enemigo, lleno de celos, competencia, estética, y buscar ser alguien a través de los demás.
Mis ojos veían arte en los tuyos, porque todo mi cuerpo respiraba belleza.
Mi cuerpo respiraba belleza, porque creí en mi voluntad y en mi espíritu...
Ahora se, que cuando habitas en el, cuando todo tu ser se mueve en su frecuencia, todos los gritos son devueltos con sonrisas, porque se ven inútiles al no encontrar el dolor, cabida ni existencia en ti.
Se que todos los problemas son sombras, vacíos que existen en ti, y que tu sufrimiento es tan grande como la distancia que hay entre la vida y tu.
Ahora se que tengo una misión en esta vida, un mensaje difícil de comunicar, porque el mundo en el que la gente vive, es un mundo de ideas mentales que poco tienen que ver con las verdaderas leyes naturales, el maravilloso y armonioso motivo por el que están aquí, justo en el lugar en el que ahora mismo te encuentras.
Y si yo hablo, si le pongo voz a mis palabras, la vida de muchos se tambalearía. Lo más probable, es que los más desgraciados, los niños, y sufridos de esta estafa mental, vieran en esto una liberación; pero no obstante, todos los que sacan provecho de ella, me verían a mi como a alguien que está poniendo en peligro su vida y subsistencia, como un enemigo... El problema es que ellos no entienden que esa vida, es su condena. Y se aferran a ella, a porque no están dispuestos a ver, que tanto esfuerzo y sufrimiento ha sido en vano. A veces liberar significa arrebatarle a alguien su verdad, su realidad como esclavo, y muchos jamás dejarán que esto pase. No se puede luchar contra la voluntad de la gente, tampoco yo puedo luchar contra aquello a lo que he sido llamado a hacer...
La gente a menudo huye de hablar sobre cosas trascendentales, porque teme llegar hasta el fondo de algo, y descubrir su propia esencia. Porque de ir más allá de las fronteras que limitan su persona, les haría plantearse la vida en la que viven, y el cambio... El cambio es algo que da mucho miedo...
Por eso juzgan, porque es la forma más sencilla que conocen de silenciar a la vida y a las personas que les hacen replantearse la forma de ver las cosas.
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