miércoles, 19 de agosto de 2015

AQUÍ ESTOY.

Eres tú quien me olvidas, no yo quien me voy.
No sabes ni qué buscas al llamarme, sólo que buscas respuestas sobre las que poder sostenerte.
Certezas, certezas que clamas al cielo porque de ti, si por ti fuera, no habría más mundo que atestiguar, y éste, es demasiado pobre para merecer más tiempo.
Por ésto me buscas.
Pero has perdido la fe. No estuviste a la altura del reto. Las palabras perdieron su poder y su fuerza y te volviste un charlatán. Letras vacías, promesas...
Perdiste la fe, no en mi si no en ti.
Buscar respuestas, de qué sirve, si no estás a la altura del conocimiento, es el conocimiento una losa sobre la espalda, que hace arduo cada paso que das.
Y ¿porqué me fui?
Te fuiste porque aún hoy hablas en tercera persona. Te fuiste porque quieres salir, y asomas la cabeza afuera de la ventana de vez en cuando, y no te das cuenta, de que es la misma persona la que pregunta desde adentro, y la que se contesta desde a fuera.
Aún hablas con tu propio reflejo.
Si, los hay que enseñan. Como tú, cuando hablas de mi. Hipócritas, cuyas palabras, por muy acertadas que sean sólo enseñan a imaginar, y nunca a ver. Palabras que no buscan morir a orillas de la verdad, palabras que nunca cesan, porque son sólo palabras.
No hay tiempo que acabe por traer la liberación. No hay respuestas que puedas encontrar, que al llevarlas a tu guarida, vayan a acabar con ésta. No funciona así.
Un día se acepta que no hay división entre tú y yo, que tu nombre y tu historia, son tan sólo una forma de ordenar todo cuanto te rodea, y que por muy llena que esté de relaciones emocionales y de lágrimas exprimidas hasta la saciedad, es una forma caótica de ordenar el universo, porque no es capáz de ver más allá de si misma.
Un día, sin más, aceptas el cambio, de que ser quien ahora habla por siempre, no es cuestión de sacar a rastras a tu razón fuera de casa mediante debates interminables, si no de abandonar ése viejo cuerpo, que tan sólo son memorias, y caminar.
A continuación cerrarás el ordenador, tras haber escrito unas cuántas palabras bañadas de conciencia, creerás haber decubierto algo nuevo, y ésto te hará darle unas pequeñas pinceladas de color a tu día. Bravo, muy bien.
Vendrás a buscarme en conversaciones con la gente, que traten de nuevo de traerte los ojos de la libertad, pero todos ellos se esconderán como pulpos, ocultando su alma tras un tinte opaco que oscurecerá su vista. Se esconderán.
Tú temerás entonces la soledad y frustración de quien busca aquéllo de lo que todos huyen. Y lo peor de todo, te sentirás, en lo más íntimo, identificado con todos ellos. Porque, al fin y al cavo, si aún sufres y aún buscas, es porque no has reunido aún el valor de mirar de frente.

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