miércoles, 13 de mayo de 2015

VALOR

Decir, sin saber qué cosa soltar por la boca.
Esperar
que del silencio brote la palabra,
porque, más que nada,
por muy interesante que a primera vista parezca,
uno siempre se cansa de si mismo.
Dejar que caiga la lluvia,
que riegue los prados,
allí en donde caiga,
que crezca la hierva.
Pero quien quiera
aprender el funcionamiento de la planta
sin más escucha que su ansia,
entonces será presa del viento,
enemigo de tormentas
y temeroso del desierto.
Es siempre una batalla perdida,
la del hijo contra el padre,
porque uno es quien viene del otro,
y no el otro de uno.
Aquel que,
enamorado de la flor
quiera cristalizarla,
porque teme a la oscuridad,
entonces la corta y la lleva.
Pero allí donde va,
no hay hierva ni hay nada,
porque no hay luz.
De modo que también muere la planta y de nuevo
saldrá de entre las sombras, en busca de un pedazo de vida.
Así es como vive el hombre,
de flor en flor.
Por eso es el amor
un acto tan valiente y honorable,
de escucha y comprensión.
Porque quien abandona su hogar,
tenga por seguro que recibe el manto de la vida.
¿Es que a caso no andas
en dolor y en pena?
La vida
en desdicha es lucha,
incesante y desoladora.

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