Y si yo soy mi historia,
entonces, ¿dónde empiezo y dónde acabo?
Y si yo soy mi historia,
¿quién puede llegar jamás a conocerme?
Y si yo soy mi historia,
¿Cuánto existe en el universo,
que es incapaz de reconocerme?
Siendo yo mi historia,
cada día suma y pesa.
Siendo yo mi historia,
ésta ha de permanecer intacta,
para no morir,
ser reconocida por encima del resto.
Y si yo soy mi historia,
Al cambiarla, ¿cambio también yo?
Culpables se buscan,
tratando de ir a la raíz,
y extirpar el mal.
Y el hombre sólo conoce su propia historia,
y es el hombre quien recuerda su historia.
¿Qué es el hombre sin historia?
¿Qué es aquello que muere cuando,
más allá de la razón, sigue el palpito y el aliento?
Qué pérdida más absoluta,
la de quien quedó desamparado de destino.
Qué encuentro,
más imperecedero,
con éste mismo momento.
Pudre el tiempo la semilla,
que contiene en su seno la esperanza del árbol,
y florece sin embargo el anhelo,
que no busca imagen ni semejanza,
que es voluntad al encuentro de luz.
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