Entrego mi cuerpo en cada acto.
Le otorgo mi alma a la ocasión.
Como actor, el propósito de mi existencia,
es ayudar a contar una historia.
Pongo mi conciencia pues,
en pos de aprender,
para hacer así llegar a mi entender y al de los demás,
los designios del porqué.
No soy algo en concreto,
mi esencia toma cuerpos,
cuerpos que mueren,
sensaciones que acaban y renacen...
Soy etéreo,
soy abstracto,
liviano,
sin carga...
Soy una antena,
que que interpreta mediante su cuerpo,
la emisión que sintoniza.
Y colorín colorado,
este cuento,
se ha acabado.
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