La necesidad, da un sentido a los movimientos de cada músculo del cuerpo. La voluntad, está hecha de necesidad, y dependiendo de lo fuerte que sea ésta, así de fuerte será la voluntad. Cuantas más necesidades se tengan cubiertas, más amuermada estará la voluntad.
La imaginación es la madre de todo lo que nos rodea, y lo que nos hace sentirnos íntegros y realizados, es la armonía que ha de crearse entre el cuerpo y la mente, entre lo real y lo ficticio, para que del equilibrio, se hagan realidad los sueños.
Lo que no entendemos, es que para que algo tenga forma y sea real en el plano consciente, primero ha de tener un sentido determinado de ser. Un porqué, una necesidad. Y ésta, más allá de todo juicio de valores que catalogan como mejor o peor, como buenos y malos, es simplemente perfecta, porque si no, no existirían...
Con lo que aquel que intenta ser perfecto, no es más que un perfecto intento. El sumamente vergonzoso y retraído, pese a su deseo de ser espontáneo y altivo, es un reflejo perfecto de su desvalorización personal al admirar estándares.
O que quiero decir, es que primero has de aceptarte, aceptar lo que estás siendo, porque ya eres perfecto a pesar de que el resultado no te guste. Porque esto ya es un juicio de valores, y medirse o compararse con modelos idílicos, es lo que nos hace mirar para todos lados en lugar de a uno mismo. Y una vez te halles en tu realidad, entonces, despegarte del auto engaño, y al despojarse del espejismo, tomar un rumbo real.
Es normal este estado de perdición, ya que nos enseñaron por norma a amar otros valores supuestamente superiores a los que por naturaleza tenemos. Da igual la religión, existen infinitos dioses con los que uno mismo se compara siempre. Cambiamos la educación por la libertad, basada en principios naturales íntegros, de armonía y bien estar, cambiamos los mandamientos por el amor, porque nos convencieron de que éramos malos por naturaleza. Nos bautizan en infinitas religiones, nos disfrazamos de palabras bonitas y de preciosos trajes que ocultan una rutina falta de ejercicio personal y felicidad. Nos enseñaron desde pequeños, que hay que salir sonrientes siempre en las fotos, que da igual lo que hay en el interior, porque ante los ojos de los demás, siempre debemos de estar bien. Se nos enseña que todo tiene unas repercusiones tremendas, que todos debemos de estar bajo un patrón, bajo el mismo juego... Y ya cansa...
Cuando éramos pequeños, a veces se jugaba a indios y vaqueros, otras a banqueros y comerciantes, o a los piratas... Un día un mundo, otro día otro mundo... Pero como siempre, los niños más grandes imponían un juego, y los papeles que a cada uno le tocaban. Y hay niños de muchos tamaños, y otros que llevan viviendo mucho tiempo. Lo que pasa es que a medida que vas creciendo, van desapareciendo los juegos como por arte de miedomagia... Y los señores más grandes y más fuertes, se quedan siempre con los personajes de protagonistas. Algunos son muy buenos si, y velan por nuestra seguridad y bien estar, pero claro, ellos hacen su papel, y tu tienes que hacer el tuyo. Yo personalmente he llegado a cansarme ya de este juego de occidental, de hacer de payaso, de chico loco y desertado... Estoy un poco cansadito ya... Ya aburre siempre lo mismo... No me apetece luchar en este juego para ser alguien que mande, o cambiar de papeles, porque me parece injusto, y que además, no todos los niños disfrutan. Y joder, se ha extendido tanto el jueguecto, que todo el mundo prácticamente juega a los mismo!!
Desde que se crearon los jefes, en vez de crear cada uno su mundo y medirse con la muerte y la vida y la naturaleza, han habido siempre jefes, ¿y que pasa cuando hay jefes? Que hay sometidos, siempre es lo mismo, desde el principio de los tiempos!! HAy frescos, y si no tienes huevos ni personalidad, entras en el juego, y ésto, puede que quizás desarrolle tu físico para captar la atención de más mujeres, o tu intelecto para trepar a lo más alto de la escala social, pero limita tu imaginación, y tu capacidad para crear mundos... Cambias la libertad y el espacio, por un montón de sofás puestos ahí con un único fin, el de sentarse. Sentarse a contemplar todos tus premios puestos en letrinas que abarcan el espacio de expresión para tu disfrute bien sea bailando, o haciendo karate desmesuradamente. Las playas se llenan de cuerpazos tirados, los cines se llenan de gente que se tira, coches que transportan a cuerpos tirados para volver a tirarlos en sus casas... No hay espacio para los niños en una casa llena de detalles y reliquias... No es sitio para animales que ensucian con su naturalidad... No hay sitio más que para los modales y los modos de comportamiento preestablecidos que hay que tener en una mesa. Se ven amistades que comparten un interés común, y compiten entre ellos constantemente por éste. Se ven amistades, que de amistad tienen bien poco, y amores que sólo intiman a la luz de la luna. Se ve la humanidad vendiéndose en cada esquina como rameras, por papeles valorados socialmente como: Diero. Es una pena, porque todo el mundo, incluido yo, porsupuestísimo, nos creemos y vivimos inmersos en este juego. Y sufrimos, constantemente agonizamos, por miedo al dolor y al castigo, y por premios y regalos, que es la moneda de pago con la que se marcan los límites del tablero.
Pero entonces llega el amor, que nace de la irrefrenable unidad de dos intimidades, y, por medio de esta incontrolable llamada de la naturaleza, el tiempo acaba haciendo que dos personas se vean... De una forma que hacía mucho tiempo que no veían... Y esa magia que nos separa del mundo con sólo mirarle, nos llega a lo más íntimo de nuestra razón, y se convierte en las nuevas letras de las canciones y películas que mueven el mundo. Lo que no sabemos, es que, esa magia, no es más que ver a una persona como realmente es. Existe un mundo, en el que vivas enamorado de todas las cosas que pasan por tu lado, y es cuestión de liberarse de tus dioses y espectativas...
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