miércoles, 12 de diciembre de 2012

LA VIDA DE AL

Nuevamente, entrada la madrugada, mecieron las ventanas, acariciaron el silencio reinante, y tomaron posesión de mi abandonado cuerpo... Yo pensaba, que al soñar volaba seguro por universos paralelos, y que en ese rincón, en la esquina última de aquella habitación, yo era invencible... En mis sueños era el rey de mi realidad... Y pensaba, que aquel mundo onírico de ideas, aquellos recuerdos tan maravillosos en los que me sumergía, me hacían especial, y daban sentido a mi existencia. Pero aquellos que desde las estrellas nos vigilan, los verdaderos maestros del sueño volvieron de nuevo, y con un golpe certero de realidad, me abdujeron del sueño a la vida. Me sacaron en volandas por la ventana y... Allí afuera hacía frío, mi cuerpo se estremecía, me sentía frágil y diminuto. Estaba aterrado, esta vez no podía correr a refugiarme a ningún lugar; ahora la realidad se hacía más real momento a momento, y a cada momento que pasaba, yo me resignaba a el... Pero créanme, ellos existen, están aquí, y son más grandes que nosotros. Allí fue donde hallé el verdadero pánico, la violación. Y yo, siendo un ser humano inteligente, hallándome en la cima de la cadena alimenticia, estaba siendo superado por criaturas muy superiores a mi. Podían hacer de mi lo que quisieran, y yo, tan sólo podía observar y sentir. Me tumbaron, me observaron con plena consciencia de todas y cada una de las respuestas que era capaz de tomar, y procedieron a realizar la penetración. Sacudieron uno tras otro su pistolita rosa en mí, y depositaron cada uno ellos, la dosis exacta que necesitaba mi cuerpo para armonizarse con el universo y el planeta tierra. Ahora no era tan grande, es más, era yo un ser minúsculo, volando en una nave intergaláctica en medio del cosmos, mientras era violado sin ningún sentido por unos seres grises cuyos ojos no más reflejaban mi vergüenza. Pensaba yo: Que será de mi si vuelvo a la tierra, soy un despojo, un útil momentáneo... ¿Quién me va a creer, si es que puedo llegar a compartir esta vergüenza? Era tal pues mi insignificancia, y tan despreciable mi cuerpo, que la camilla en la que estaba tumbado se convirtió en lo más parecido a mi, y me compadecí de ella, me compadecí de los controles de la nave espacial, y me compadecí de la carne de aquellos que, al no poder compadecerse de cuanto les rodea, viajan millones y millones de años luz, buscando saciar su incomprensible soledad. Les miré a los ojos, observando su cruda piel, palpando su realidad, y aún siendo mi inteligencia y mi conocimiento infinitamente inferior al suyo, tomé consciencia de algo superior a ambos. Entonces nos sentimos cerca, y, de alguna forma, por un momento, encontraron lo que habían estado buscado durante tan largo tiempo. El sentido y la armonía de la vida. La realidad nos vuelve vulnerables, nos trae duda, y cualquier ser que reúna estas condiciones, se convierte en una presa fácil. Pero la vida es cíclica, y el círculo que compone esta cadena alimenticia, hace, a la fuerza, a todo cazador presa. Este es el límite, esta es la ley, esto es Dios. Que siempre hay un pez más grande y que no consiste en llegar a la cima, si no en comprender esta realidad que a todos nos une, y volvernos todos uno, desde el más pequeño e insignificante, con el más grande de todos los seres. Y que el miedo de estar solos vagando por el espacio en una nave tan enorme y plagada de seres tan complejos como es la tierra, no es otro que la infelicidad que crea el ser los mejores y los más fuertes de ella. Tuve miedo de mostrar mis sentimientos, pues los hombres juegan a hacerse presas los unos de los otros al ver a una presa débil, y caí en el sueño del conocimiento, de la ley, y de la justicia. De alguna forma esto era lo único que parecía mantenerme a salvo en una selva tan llena de depredadores... Pero ahora he despertado, y, la verdad que es mucho más placentero tocar y sentir mi cuerpo, que es tan frágil y tan vulnerable, pero a la vez tan lleno de vida y de sensibilidad, que permanecer oculto en un interminable, carnívoro y egocéntrico sueño, en el que todo es posible pero nunca es nada, y donde todo lo que hay, no es más que la reproducción onírica de los recuerdos y de los sueños de uno mismo. Porque vivir así, es vivir encerrado en uno, alimentándote de ti mismo, devorándote pedazo a pedazo con tus propias ideas. Y las ideas se van, sin mirar atrás, sin despedirse, dejando paso a al curso de la vida, tan llena de movimiento, tan imparable e inmortal... Cerrar entrada

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