jueves, 2 de febrero de 2012

HAZ.

Y si al caminar perezco, que mi sangre bañe la tierra, de la más rica esperanza.

Porque cuando todo parecía cavado, mi mundo calló, y pude verme por primera vez.

Mis manos por fin eran mías, mis piernas andaban a mi voluntad...

Pude al fin verme, y ver al mundo tan vivo como yo.

Si, a esto sabe la libertad.

A dejar de imaginar y recordar, a hacerme presente en este momento y dejarme de ensoñaciones. A saborear la piel de mi perro, a apreciar las palabras de mi madre que aún existe... A dejarme de memeces y de leer la vida en libros, cuando se escribe a cada segundo.

Que pasaría si alguien abriese el verdadero libro de tu historia? Cuánto tiempo perdido, derrochado al miedo, culpabilizando a los demás de mis derrotas por miedo otra vez. Miedo y miedo y miedo. Miles de escritos que piden a gritos dejar de escribir y vivir de primera mano. No de segunda por mis padres, ni de tercera por las gestas que mis amigos conocen y cuentan. Si no de primera y única mano. Porque es fácil dejarse vivir y perder responsabilidades. ES más fácil culpar a otros. Es la culpa lo que más pesa a los hombres, y tu culpa sólo existe si por miedo dejas de mirarte. De nada sirve nada si tu dejas de ser quien eres, y lo que es, pasa a ser algo que espera ser vivido.

Ahora pasan los años, y los años no son más que días, días que se pierden en rutinas que acaparan semanas, meses, y así hasta un horizonte, que para cuando quieras mirar atrás, tus ojos serán vagos, y ni tan siquiera recordarás el verdadero camino que seguiste. Pero ahora estás aquí, aún puedes morir a tiempo. Mirar atrás y verte por primera vez. Llorarte, perdonarte, dejar de sufrir... Nunca habrá ningún momento, estés donde estés, que sea menos importante que cualquier otro. Puedes dejar pasar los días, mamá se encargó de que no te preocupes por ello, puedes soñar con el momento perfecto, puedes darte de cabezazos contra la pared mientras esperas que las cosas se hagan por si solas, puede que pienses que cuando seas ese que esperas ser, capaz de poner en orden tu vida, actuarás. Pero mientras tanto, la vida sigue su curso, tu cuerpo envejece, las ocasiones se pierden, la piel se muere, tu gente también, y tu ser... Se pierde en un mar de tristeza irreparable, porque por mucho que recuerdes, el tiempo jamás podrá ser recuperado...

No hay otro momento, cuanto antes sea ahora, antes dejarás de sufrir. No te dejes hoy, si no hay hoy, tampoco hay ningún mañana. Si no te paras, si no te sientes, si no dejas de soñar, absolutamente ninguno de tus deseos se harán. A si que despierta ahora.

HAZ.

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